El edificio (reboot, 144)

Grandes máquinas (¿venidas de dónde, enviadas por quién?) arrasan y allanan las ruinas del edificio, ciegan el pozo central y se llevan consigo carretadas y carretadas de arena, que depositan en el mar. Cuando los camiones vuelven al lugar, se encuentran con que las ruinas siguen estando allí, que el pozo central ha vuelto a abrirse y que hay tanta arena como al principio, o más. Arrasan y allanan las ruinas, ciegan el pozo, tiran carretadas y carretadas de arena en el mar; vuelven las ruinas, el pozo, la arena. El ciclo se repite innumerables veces; no importa que dejen un equipo encargado de vigilar el lugar en su ausencia, de forma casi imperceptible todo vuelve a formarse y a repetirse  sin violencia pero sin descanso. No renuncian: quien los ha enviado (¿quién?) exige que no quede rastro del edificio, ni rastro de rastro del edificio. Con tanta arena que han retirado y volcado inútilmente, el mar comienza a secarse, a salarse, los peces mueren y aparecen flotando en la superficie del agua. Es un antidiluvio.

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El edificio (reboot, 143)

—¡Qué bonito era el edificio!

—¿Tú lo conociste?

—¡Qué lo voy a conocer! Cuando se cayó el edificio yo tenía… dos años. Dos años y medio. ¡Pero eso se sabe! El edificio era… el edificio era la hostia. La hostia de bonito.

—¿Cómo era?

—Era… ¡buá! Era alto de la hostia. Era altísimo. Y muy bonito. Precioso. Blanco o… azul. Del color del cielo.

—¿Blanco o azul?

—Azul. Del color del cielo. O blanco. Gris. Si el cielo era gris, el edificio era gris.

—¿Cómo lo sabes? ¿Has visto fotos del edificio? ¿Vídeos?

—¡Qué voy a ver! No hay ninguna foto del edificio. Ni vídeos, ni cuadros, ni nada, eso todo el mundo lo sabe. No queda ninguna copia del edificio, ni de sus planos, ni de nada. Pero era muy bonito. La hostia de bonito, era. Tenía forma de donut, así, en el suelo, dicen, con un agujero en el medio, igual igual que un donut. Y ocupaba media África.

—¿Media África?

—O Asia. Media. De algo.

—Pues tienes razón, qué bonito debía ser el edificio, joder. Qué bonito.

El edificio (reboot, 149)

El silencio cósmico, al estruendo de la caída del edificio sucedió un silencio cósmico, tan infinito como infinitesimal, que se tragaba cualquier intento de reiniciar el mundo. Dicen que los agujeros negros no dejan escapar la luz; el silencio cósmico dejado por el edificio no dejaba escapar la memoria ni la voluntad.

El edificio (reboot, 142)

Algunos, intentando olvidar el edificio a toda costa, no hacían sino hablar de él constantemente; otros, queriendo recordarlo, no conseguían articular una sola palabra sobre él, evocar una imagen, dibujar un boceto, conjurarlo en la oscuridad de los ojos cerrados. Así, el edificio pasó a existir en dos planos y en ninguno, el del recuerdo y el del olvido, como se dice que viven los espíritus cuando regresan en las noches más largas del invierno para cambiarlo todo y recordar quiénes somos verdaderamente.

El edificio (reboot, 141)

No fue una revolución, sino una especie de parada multiorgánica social: la gente dejó de ir al trabajo, de atender a sus hijos, de comer, lavarse, dormir, respirar. Una apatía insoportable e invencible se apoderó de la vida: el instinto de supervivencia salió por la ventana y por la puerta entró la resignación. Las autoridades debían hacer algo, pero a las autoridades también les había invadido la consciencia del vacío y el sinsentido de la existencia. Obligar a la gente a seguir viva, a seguir actuando con normalidad… ¿cómo, para qué? Ciudades enteras sucumbieron en un silencio plácido y en una inmovilidad desértica. Luego empezó a oler, pero no había nadie que pudiera olerlo, así que tampoco importaba demasiado. El mundo entraba en coma, y no había nadie que intentase despertarlo. (Todo esto a lo mejor no tendría nada que ver con el edificio, si no fuese porque esta agonía por incomparecencia se extendía en círculos desde el lugar donde el edificio se erguía, como una onda invisible).

El edificio (reboot, 140)

…fueron tiempos confusos… después del derumbe del edificio… como un sueño extraño… grandes masas de gente vagando… como una vigilia o una indigestión… grandes masas de gente vagando al exilio, pidiendo refugio… como una fiebre… tiempos confusos, terribles… como no poder despertarse de una pesadilla… las madres ahogaban a sus hijos en el río… después volvían a quedarse embarazada… como una alucinación… aunque no se supiera quién era el padre… ni si había padre… como un insomnio interminable… no poder dormir o no poder despertar… vagando en medio del desierto, pueblo elegido… cuando se posó la polvareda… como un castigo divino… cadáveres de niños flotando río abajo, sonrientes…

El edificio (reboot, 139)

(Cuando hagan la película de El edificio, me pregunto quién interpretará el papel de edificio, de aguja, de atrio; qué actores y actrices serán capaces de esa desperzonalización total, de ese sacrificio del yo en favor de la representación de algo mayor que ellos mismos. Quién hará de edificitario, de albino, de mutante con pelo azul, de mono, de ascensor, de rata, de cable del que se colgó el último habitante vivo, de ano del mundo en medio de la arena, expulsando gases. Cómo se transmite en imágenes una historia que viene desde las tinieblas del tiempo y se hunde en el olvido; qué elecciones tomará el director, en qué formato se filmará la película, si habrá un público que quiera ir a verla. Me pregunto también quién me interpretará a mí, que ni siquiera aparezco en esta historia: a quién le harán esa putada)