El edificio (reboot, 54)

En cierto modo es una pena que la Guerra Fría acabase antes de que viniese a existir el edificio; si la Guerra Fría no hubiese acabado, el edificio miraría a los dos bloques, al bloque comunista y al capitalista, con el desdén divertido de un adulto que ve a dos niños pelearse por un juguete, y cuando terminan de pelarse, magullados y doloridos, les invita a un helado para que dejen de llorar. (En esta metáfora, el edificio es el adulto, y el juguete. Y el helado).

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El edificio (reboot, 53)

Como toda comunidad humana lo bastante grande, el edificio ha generado sus propios mitos. Una de las más extendidas es la leyenda del piso vacío. Se cree (hay quien cree, algunas personas creen) que en el edificio hay una planta vacía, que no está conectada con ningún ascensor y que no aparece en ningún plano.

No es una hipótesis imposible, porque la construcción del edificio fue, a partir de cierto punto, un proceso orgánico, como la expasión de un tumor violento. Es en cualquer caso una teoría imposible de comprobar: la única forma de hacerlo sería visitar una a una todas las plantas del edificio, en cada uno de los ascensores, y medir el tiempo de subida y bajada en busca de anomalías. Harían falta tres vidas humanas para cumplir ese propósito.

Mientras tanto, hay quien dice haber llegado a la planta vacía, trepando por los cables de la luz, por los conductos del aire acondicionado o por las tuberías de agua sucia. Pero nadie les cree; tienen un brillo de locura en los ojos.

El edificio (reboot, 52)

(“Cuando empezó a construirse el edificio pensamos… Dijimos: ‘Es esto, esto es lo que estábamos esperando’. El edificio validaba e invalidaba la Historia al mismo tiempo: el edificio lo justificaba todo, cada guerra, cada traición, cada violación, cada derramamiento de sangre. Más tarde, ya con el edificio inaugurado y lleno, fuimos entendiendo que no es así cómo funciona la Historia, que el edificio no era la contrapartida de cada guerra, cada traición, cada violación, cada derramamiento de sangre, sino su consecuencia, su continuación. De padres tan oscuros no puede nacer un hijo luminoso”.)

El edificio (reboot, 51)

Está prohibido hablar mal del edificio dentro del edificio. La pena por hablar mal del edificio dentro del edificio es la expulsión inmediata del edificio.

También está prohibido hablar mal del edificio fuera del edificio. La pena por hablar mal del edificio fuera del edificio es la reclusión inmediata y perpetua en el edificio.

El edificio (reboot, 50)

En las plantas más altas, el edificio funciona como un ecosistema aislado y estable, independiente de las condiciones exteriores, con una temperatura agradable y una humedad moderada en cualquier época del año; en cambio, en las plantas más bajas, donde todavía se siente el influjo del exterior que se cuela por las puertas constantemente abiertas, las temperaturas sufren oscilaciones violentas y las condiciones climatológicas exteriores (niebla, lluvia, tormentas de arena) se hacen sentir en el interior. Como consecuencia, las personas de los pisos inferiores enferman mucho más que las de los superiores; algunos virus desconocidos en la planta 315 hacen furor en la planta 27. De ahí que, como medida de precaución, para pasar del edificio 50 se exija un certificado de buena salud y unos estrictos análisis médicos. Es lo más lógico, lo más justo, lo más razonable.

El edificio (reboot, 49)

Muy pocas personas tienen acceso a los sótanos del edificio; solo las estrictamente necesarias para asegurar su mantenimiento. No se trata de una cuestión de seguridad: el edificio es inexpugnable, para derribarlo haría falta más explosivo del que se ha producido en el mundo desde que los chinos inventaron la pólvora. Se trata de algo simbólico: las plantas subterráneas (que son más de cuarenta, según cuentan los que las han conocido) están llenas de aceite de motor, vapor, charcos grasientos, grandes máquinas que mueven los montacargas arriba y abajo, cuerpos sudados, cosas podridas, ratas de especies hasta ahora solo imaginadas en cómics de superhéroes, una enorme sala del tamaño de un piso entero llena de servidores con luces chispeantes, y miles de kilómetros de cables que se enredan como lianas y que demuestran más eficiencia que planificación. Dar libre acceso a los sótanos del edificio sería como retirar la cortina del Mago de Oz, como mostrar los intestinos del emperador desnudo; y el emperador puede estar desnudo, pero nunca caga.

El edificio (reboot, 48)

Se han realizado numerosos intentos de medir la circunferencia del edificio a nivel de suelo: con fotografías de satélite, con extrapolaciones indirectas, con proyecciones a través de mapas. Pero cuando se intenta hacer los cálculos definitivos se rompen las minas de los lápices, las calculadoras dan error, los ordenadores muestran el pantallazo azul de la muerte. “Eso que nos estás pidiendo es imposible”, dicen, “nos negamos a contribuir a este sinsentido”.

(Un investigador noruego intentó medir la circunferencia con una medición in situ, haciendo una marca con pintura roja cada cien metros; ya había dado casi su segunda vuelta completa al edificio a lomos de un camello cuando descubrió que alguien o algo borraba sus marcas casi tan rápido como él las añadía. Nunca desistió; todavía hoy se le puede ver dando vueltas a la base del edificio con una brocha en la mano. O a lo mejor murió y lo que se ve es su memoria que suelta espuma por la boca).