El mar y yo

He vivido toda mi vida cerca del mar, pero de espaldas al mar. Para vivir necesito un río, pero el mar me resulta prescindible.

Las historias épicas de marinos (la lucha contra los elementos, contra la soledad, contra uno mismo) me atraen y me atrapan, pero como algo exótico, como las novelas de Sandokan o las películas de vaqueros.

Todas las ciudades en las que he vivido, mucho o poco, estaban en la costa, o cerca de una costa. El mar Cantábrico, el mar Negro, el mar del Norte, el océano Atlántico desde sus dos orillas. En ninguna pasé las largas tardes sentado leyendo frente al mar que podrían imaginarse.

A lo mejor es, precisamente, porque el mar siempre ha sido a la vez cercano y ajeno para mí. Ni siquiera de niño despertaba especial fascinación: era algo que estaba allí, a lo que se podía ir cuando se quisiera, y se quería poco.

Hoy huyo de las playas, nunca he hecho un crucero y carezco totalmente de vocabulario marítimo. Las novelas de marinos me siguen pareciendo historias apasionantes que les suceden a otros.

Pero que no me quiten un río, que me ahogo.

Rumanía (22): últimas impresiones

Carácter nacional: Dice bastante gente (gente que lleva tiempo viviendo en Rumanía) que los rumanos, en general, son personas serias y poco expresivas; sumisas, con poco carácter; reservadas. Le echan la culpa a la historia lejana (divididos, invadidos o amenazados por todas partes) y cercana (el comunismo, Ceaucescu, el miedo a las delaciones y a la Securitate…). Yo tampoco tengo exactamente esa impresión, porque he conocido a muchos rumanos enérgicos, abiertos y de risas bien sonoras -pero bueno, yo suelo ser bastante malo haciendo generalizaciones de este tipo-. Un chico rumano me decía una vez que los rumanos dudan entre dos formas opuestas de escribir la historia de su país: o son la mejor nación sobre la Tierra, inventores de todo lo inventable y siempre irreductibles, como Astérix, o son un pedacito insignificante de Europa abierto a todos los vientos, y que nunca ha hecho nada por la humanidad.

U.S. Navy: El aeropuerto de Otopeni está atestado de soldados yanquis (U.S. Marines, U.S. Navy, Air Force, etc.) Cerca de Constanza hay una base militar, que al parecer fue muy utilizada durante la guerra de Iraq, cuando Turquía se negó a ceder su espacio aéreo. Casualmente, oigo a uno de los soldados decirle a un dependiente que van a hacer escala en Irlanda, y luego se van a EE.UU. Imagino una posible ruta: Rumanía – Shannon (Limerick) – Nueva York. Como mi vida, pero al revés.

Exit teacher: Termina la última clase con el último grupo, y las alumnas (¿he dicho ya que el 99% eran alumnas?) se arrancan a aplaudir. Me río y hago una reverencia (o mejor dicho, la parodia de una reverencia). Será una tontería, pero ese momento es uno de los highlights de mi carrera como profesor de español.

Elecciones: No me he decidido a escribir un post completo sobre las elecciones presidenciales que se van a celebrar en Rumanía a finales de este mes y principios de diciembre. Me daba pereza ponerme a investigar cuáles son los partidos, quiénes los candidatos, etc. En todo caso, la sensación que se respira de cara a estas elecciones se resume en una frase que dijo Sebastian, uno de los rumanos que conocí en Bucarest: “Hay cinco candidatos a la presidencia, y lo único en lo que estamos de acuerdo todos los rumanos es en que no nos gusta ninguno de los cinco”.

Religión: No sé si he dicho en algún momento que la mayoría de los rumanos (aproximadamente un 90%) son cristianos ortodoxos. Me ha sorprendido mucho descubrir lo religiosos que son -¿por reacción contra el ateísmo forzado del sistema comunista? Por ejemplo, muchos de mis alumnos incluían en sus redacciones frases como “hay que tener fe en Dios”, “el futuro solo Dios lo conoce” o “espero que Dios nos ayude”, algo que no había visto en ningún otro país (y eso que he dado clase en Irlanda, por ejemplo, donde también son muy religiosos, al menos en teoría).

Just for men: Las chicas rumanas son, por lo general, morenas; el color de piel y de ojos varía mucho, las hay muy pálidas y muy morenas, con ojos grises y con ojos negros. Algunas guapísimas, claro, aunque tampoco es una cosa impresionante, como (dicen) en Polonia o Chequia. Por lo general, son delgadas, aunque sin llegar a la delgadez extrema. Como consecuencia, Rumanía es más un país de culos que de tetas. Y que conste que no me estoy quejando.

Just for women: Los chicos rumanos son, por lo general, muy altos y, por lo que dicen voces más autorizadas que las mías, bastante feos. No puedo opinar sobre sus culos.

Café: En el aeropuerto de Bucarest Otopeni me cobran 22 lei (¡5,50€!) por un café solo doble. Creo que es probablemente el café más caro que me he tomado en mi vida, compitiendo con uno que tomé justo al ladito de Notre Dame, en París.

Postdata: salvo imprevisto, esta va a ser la última entrada de la serie sobre Rumanía, así que si os queda alguna duda o curiosidad sobre este país, ponedla en un comentario e intentaré contestarla -aunque tampoco es que yo sea un “rumanólogo” profesional, que sólo he vivido allí un mes…

Rumanía (21): En resumen…

En estos momentos en que se publica este post (por obra y gracia de la programación de entradas de WordPress), debo estar volando de Bucarest a Madrid, salvo retrasos o imprevistos. Así que es momento de hacer balance…

Con respecto a Rumanía, tengo una impresión ambigua -o varias impresiones ambiguas, por qué no-. Como turista, la parte de Rumanía que yo he visto no es especialmente atractiva, por lo menos en esta época del año, y Bucarest, como ya dije en la entrada correspondiente, es interesante pero no bonita, ni acogedora. Todo el mundo me ha dicho a) que vuelva en primavera y b) que me vaya a ver la parte norte del país (Bucovina, Moldavia…). Se queda para la próxima vez -porque sí, creo que alguna vez, como profesor o como turista, volveré para ver el resto del país-.

Desde luego, lo que sí me gustaría desterrar de vuestras mentes es la imagen tópica de Rumanía como una cueva de ladrones y mafias, o como un país tercermundista y peligroso, que tenemos en la cabeza muy a menudo: la actual Rumanía no deja de ser un país de la Unión Europea, con algunas limitaciones obvias en servicios o productos a causa de su difícil situación económica pasada y presente, pero en el que se puede encontrar de todo, y en el que se puede pasear tranquilamente a cualquier hora del día o de la noche. Y la gente es absolutamente encantadora, en general (menos los taxistas en Bucarest, parece).

Profesionalmente, creo que la experiencia ha sido muy interesante. Las condiciones materiales de la universidad en Rumanía, como se puede suponer, no son las mismas que las de España o las de Irlanda (grupos más grandes, limitación de fotocopias, pocos medios audiovisuales…), lo que obliga a sacudirse cierta pereza intelectual y a buscar soluciones imaginativas; a cambio, la actitud de los alumnos es la más participativa y colaborativa que me he encontrado nunca, y su nivel medio, probablemente el más alto también. Aquí, como en todas partes, los profesores se quejan del nivel de sus alumnos y de lo mucho que ha bajado en los últimos años; y yo pienso que me gustaría que vieran lo que me he encontrado yo en otros sitios…

Y en lo personal, me voy encantado de Rumanía. Puedo decir sin duda que, de mis experiencias viajeras, esta es la vez que mejor me han tratado -y eso que no tengo absolutamente ninguna queja de cómo me han tratado en otras partes-, y es la vez que menos me ha costado encajar, conocer a la gente y hacerme con la rutina y con la ciudad (a pesar de la dificultad del idioma). Con las alumnas (sí, el 99% eran alumnas) he tenido muy buen rollo; con las profesoras del departamento (idem) también… y creo que están tan contentas conmigo como yo con ellas. Vamos, que ha sido un buen subidón de autoestima, que falta me hacía.

Y ahora, vuelta a la vida bilbaína, con sus ventajas (¡cómo echo de menos el pescado!) y sus inconvenientes (¡cómo voy a echar de menos tener trabajo!).

Rumanía (20): ¡Vampiros!

El día que Jaime estaba esperando ha llegado: el día en que los vampiros toman este blog, y amenazan con rechupetear la sangre de todos los lectores que se acerquen a él. ¡Muahahaha!

Venga, ahora en serio, como comenté en la segunda entrada de esta serie, una de las pocas cosas que se nos vienen a la cabeza al pensar en Rumanía son los vampiros (Drácula, Transilvania, castillos lúgubres, lobos y murciélagos). En realidad, por lo que he podido leer en mi guía y por lo que me han contado, en Transilvania (la tierra “más allá de los bosques”) no abundan los castillos, y sí los monasterios, y el paisaje tiene poco de tétrico, en general. Incluso el Castillo de Bran, que por lo que dicen se ha transformado en una especie de “Disneylandia sobre vampiros”, y que aparece en muchas de las adaptaciones cinematográficas de la novela, tiene poco que ver con el auténtico Vlad Dracul, en quien se basó -al menos en el nombre- Bram Stoker para crear al personaje de Drácula.

El auténtico Vlad Tepes (“El Empalador”) o Draculea (“hijo del Dragón”) es un personaje que tiene, para los rumanos, aspectos positivos y negativos: la cara es que fue uno de los más feroces defensores de la independencia de Rumanía frente a los intentos de dominación turcos o húngaros; de hecho, está considerado como un héroe nacional, y estatuas suyas pueden verse en distintos lugares del país -por ejemplo, en el Palacio del Voivoda de Bucarest-. Su parte oscura, como indican sus sobrenombres, era su implacable crueldad, que se traducía en una sana afición a empalar masivamente a sus enemigos, atravesándolos con estacas de distintas longitudes y disponiéndolos en bonitos diseños geométricos a las afueras de las ciudades conquistadas o por conquistar.

Del auténtico Vlad Draculea queda muy poco en la novela de Stoker, que se basa más bien en la tradición anterior de literatura sobre vampiros (por ejemplo, El Vampiro de John Polidori, o la Carmilla de Sheridan Le Fanu, basada a su vez en la Condesa Elizabeth Bathory, de Hungría). Autores como Lord Byron, Coleridge o incluso Goethe también hicieron sus pinitos en la literatura vampírica, pero fue Stoker quien consiguió crear el modelo definitivo del vampiro seductor, satánico y torturado que ha llegado hasta nuestros días. De ahí a las Crónicas Vampíricas o a las novelas de la serie Crepúsculo, sólo hay un paso. Bueno, dos.

Rumanía (19): Último tango en Bucarest

Lo último que uno espera encontrarse cuando llega a Bucarest, es a un grupo de aficionados -más que aficionados: apasionados- del tango. Y ahí están: decenas -si no centenares- de personas que se reúnen varias veces por semana para bailar tango o milonga, y cuya vida, fuera de sus trabajos, claro está, gira alrededor del tango.

Pero es que el tango en Bucarest tiene cierta tradición: ya se sabe que el tango nació entre inmigrandes, en las clases bajas de Buenos Aires, y que, en las primeras décadas del siglo XX, viajó a París -en aquel entonces, capital cultural del mundo-, donde fue “adoptado” por la burguesía de la época. Pero es que, en esa misma época, Bucarest estaba en pleno florecimiento, y mantenía unas intensas relaciones culturales con la capital francesa (Bucarest era “el pequeño París” o “el París del Este”; Rumanía en general tiene una larga tradición francófila). Y así el tango llegó a Bucarest de la mano de los franceses, y se popularizó gracias a figuras como Jean Moscopol .

Es de suponer que durante la época comunista la tradición tanguera de Bucarest desapareció (no tengo información al respecto, sólo lo supongo), pero ahora, a comienzos del siglo XXI, ha vuelto, y con fuerza, entre los jóvenes. En su grupo de facebook (el “Rincón del tango de Bucarest“), se ofrece información sobre ensayos, clases y clubs de tango, y enlaces a páginas como Tango Brujo, El Tango (escuela de tango) o Milonga.ro. Y en youtube se les puede ver bailando tango en un parque de la capital, o compitiendo en el Encuentro de Tango de Bucarest.

Y quien quiera saber cómo suena un tango en rumano…:

Rumanía (18): 1989

Estos días se conmemoran los 20 años de la caída del Muro de Berlín, y en todos los periódicos y televisiones se ofrecen retrospectivas del acontecimiento. En Rumanía, la revolución de 1989 que marca el paso del régimen de Ceausescu al sistema democrático actual, llegó un poco más tarde, en diciembre de 1989, gracias a lo que en Rumanía se conoce simplemente como “la Revolución”. Una revolución que, además, tiene una peculiaridad histórica, y es que fue filmada y retransmitida prácticamente en directo, no solo para todo el país, sino para todo el mundo.

La revolución rumana de 1989 comenzó pocos días antes de Navidad, el 17 de diciembre en concreto, en Timisoara, donde un grupo de opositores al régimen lograron entrar en el edificio del Comité de Distrito del Partido Comunista de Rumanía, en protesta por la detención de un líder religioso crítico con el régimen. La policía y el ejército respondieron lanzando gases lacrimógenos y deteniendo a algunos de los manifestantes. La situación en la ciudad se mantuvo en un caos tenso durante los siguientes días, sin que los intentos gubernamentales de negociación tuvieran éxito. El 21 de diciembre, Ceasescu, a quien la revolución le pilló de viaje, se dispuso a dar un discurso desde el balcón del palacio del gobierno en Bucharest. En este vídeo se ve lo que sucedió durante este discurso:

Como se puede ver, Ceasescu no llegó a completar su discurso. De repente, se empiezan a oír gritos, abucheos y algunas explosiones entre la multitud. Ceasescu pierde la compostura y empieza a gritar: “¡calma, calma, sentaos!”. Los disturbios pronto se extienden al resto de la ciudad, y se concentran especialmente en la Plaza de la Universidad. Los reporteros internacionales lo graban todo desde el Hotel Intercontinental, situado precisamente en esa plaza, junto al Teatro Nacional. Este es un ejemplo de lo que se veía en esa plaza ese día.

Fundamentalmente, mucha gente reunida, unas cuantas banderas; en un momento del vídeo, una tanqueta atraviesa la plaza a toda velocidad -varias personas murieron aplastadas, otras tiroteadas o a causa de los golpes de la policía y el ejército. La situación pronto se hace insostenible. El gobierno intenta calmar -de manera infantil- a los manifestantes, aconsejándoles que se dejen de protestas y se vayan a casa a celebrar la Navidad con sus familias. Comprendiendo que todo ha terminado, el matrimonio Ceasescu intenta huir, en helicóptero y en coche, pero son detenidos poco después, el mismo día 22. El juicio militar contra el matrimonio Ceaucescu, que terminó con su ejecución inmediata y fulminante, también fue retransmitido por la nueva televisión “libre” de Rumanía. No se ve el momento mismo de la ejecución, pero sí los cuerpos de los dos ancianos sangrando en el suelo, así que las imágenes hacia el final son un poco duras…

Con la muerte de Ceasescu se iniciaba una nueva era en Rumanía, una transformación hacia el modelo de democracia y capitalismo occidentales, que en cierto modo culmina en 2007 con la entrada en la Unión Europea.

Hace poco, en el blog de Jozko sobre Hungría se hablaba sobre una encuesta que revela la nostalgia del comunismo que existe entre un sector creciente de la población de la Europa del Este, o sobre el desencanto con el que ahora se recuerdan las revoluciones de hace 20 años. En el tiempo que yo he estado en Rumanía -que obviamente no es mucho-, yo no he notado en absoluto esta nostalgia del régimen anterior. Puede ser porque el régimen de Ceasescu fuese especialmente duro -en lo político y en lo económico-, o quizás porque, como me recordó Jozko, las personas con las que yo he hablado pertenecen a un sector social muy concreto (estudiantes, licenciados y profesores universitarios); habría que hacer una encuesta amplia en otros sectores sociales, para saber si los rumanos en general creen que la revolución de 1989 mereció la pena, o no…

Rumanía (17): Comer y beber en Rumanía

Sí, amiguitos, llega el momento de que se nos haga la boca agua, con una pequeña entrada sobre la gastronomía rumana. Que de otra cosa no sabré, pero de gastronomía rumana…

Para empezar, hay que aclarar que los rumanos no tienen una hora fija para comer: suelen picar algo, comer un sandwich o lo que sea, cuando tienen tiempo, a salto de mata. La comida más fuerte del día es la cena, que puede ser a las 7 u 8 de la tarde, o más tarde si se trata de una cena con invitados, etc. Una comida completa rumana está compuesta por sopa o aperitivos, y un plato principal con acompañamiento -patatas, arroz, verduras…

800px-Mititei_la_gratar

Mititei (pinchos de carne picada)

Sopas y aperitivos: las sopas más habituales son el bors (sopa de verduras), la ciorba de burta (sopa de tripas de ternera, como los callos) o la típica sopa de pollo. Al pedir algunas de estas sopas, el camarero traerá también una tacita con nata, que uno puede añadirse a voluntad para darle más “consistencia”, así como pan y una guindilla. Si no apetece sopa, otra opción son los aperitivos, que a veces se convierten en la única comida: son como platos de entremeses, con queso, embutidos, paté, aceitunas, cebolla cruda…

DSCF0129

Barriles de col fermentada en el mercado

Platos principales: En Rumanía se come mucha carne: cerdo (porc), pollo (pui), ternera (vita), cordero (miel)… preparado de muchas formas: frita, empanada (snitzel), asada… Suele estar muy buena: bastante sazonada con especias, un punto picante o salado y tirando a poco hecha (aunque supongo que se puede pedir que la hagan más, como en todas partes). Son muy típicos -aunque no necesariamente muy buenos- los mititei, que vienen a ser unos rollos de carne picada (de cerdo, cordero o ternera) que se hacen a la brasa como si fueran pinchos morunos. En cambio, se come mucho menos pescado. Entre los platos típicos destaca el sarmale: unos rollitos de carne picada con cebolla y especias (a veces también arroz), envueltos en hojas de col fermentada. Tiene un sabor muy fuerte, a mí personalmente no termina de convencerme.

800px-Mamaliga

Mamaliga

Acompañamientos: Cuando pides un plato principal (unas pechugas de pollo, por ejemplo), se espera que también pidas algún acompañamiento, porque si no probablemente te traigan las pechugas solas, o muy poco aderezadas. Estos acompañamientos pueden ser patatas asadas (cartofi) o preparadas de distintas formas, verduras, arroz (orez), o mamaliga, una especie de polenta, que como la polenta es bastante insípida.

600px-Placinta

Placinta cu branza

Postres: Los rumanos no son especialmente aficionados a los postres, me da la impresión. En cambio, son frecuentes en la calle las patiseries, puestos callejeros que en cualquier momento del día venden pasteles hechos con hojaldre y rellenos de distintas cosas: de queso (placinta cu branza), de frutas, de miel (placinta cu mere), con manzana (strudel)… que en general están bastante buenos. También comen unos bollos que se llaman gogosi, que vendrían a ser los “donuts” nacionales. En cuanto a quesos, la verdad es que no hay una variedad muy grande: todo se reduce básicamente al cascaval (un queso parecido al queso de bola, que también se puede encontrar ahumando), y varias variedades de queso de oveja y de cabra que se parecen al feta griego.

475px-Tuica

Tzuika o Tzuica

Bebidas: Muchas de las bebidas típicas de Rumanía tienen como base la tzuica o tzuika: una bebida alcohólica a base de cerezas, transparente y bastante fuerte. Una variante un poco más fuerte es la palinca, que puede estar hecha con albaricoques. La visinata es una bebida, normalmente casera, hecha con alcohol y cerezas. Rumanía también produce su propio vino -una pequeña parte con cepas conservadas de antes de que la filoxera arrasara gran parte de los viñedos europeos, pero otra gran parte se produce con vides francesas-, y tiene sus cervezas nacionales, como la Ursus o la Timisoreana. Entre las bebidas no alcohólicas, el té (chai) es muy popular, al igual que el café, normalmente en forma de espresso.

Notas finales: a muchos nombres de comidas rumanas les faltan los signos diacríticos -esos puntos, comas y rayas que aparecen encima o debajo de las consonantes- así que no os fiéis de la pronunciación “como suena”, porque probablemente no es la correcta.
Las imágenes, excepto la de los bidones de col, que es mía, están tomadas de la Wikipedia inglesa y de Wikimedia Commons (placinta, tuica, mititei y mamaliga), con sus licencias correspondientes