No es tan fácil el portugués como lo pintan

Una de las cosas que más me pregunta la gente cuando les cuento que estoy en Portugal, es si ya hablo portugués, y luego añaden, de manera casi automática: “El portugués es un idioma fácil, ¿no? No te costaría mucho”. Y yo siempre digo lo mismo: que sí, que el portugués es un idioma fácil (para un hispanohablante) porque hay muchísimas similitudes, de gramática y de vocabulario, pero que hay que estudiarlo, que no se aprende solo con tomar “imperiales” por el Bairro Alto.

La verdad, me molesta bastante (y eso que no soy portugués) la actitud de muchos españoles que van a Lisboa y piensan que, como son idiomas parecidos, “se les entiende”, y no hacen el más mínimo esfuerzo no ya por hablar portugués, sino ni siquiera por intentar hablar español más despacio o más claro. Entran en una cafetería y gritan: “Mevaponé tres cañas, dos cortaos cortos y uno de esos pasteles de allí de los de crema”. Y en muchos casos les entenderán, porque los lisboetas están más que habituados a los españoles, pero ese no es el asunto.

Y hay también españoles que llevan viviendo en Portugal varios años y que no se han esforzado en aprender portugués porque total, “como se entienden”… Y claro que después de vivir unos meses en Portugal “se entiende”, pero hablarlo correctamente es otra cosa. Hay que estudiar los verbos; hay que conocer la gramática (el orden de los pronombres, por ejemplo); hay que aprender vocabulario (más allá de la “bica”, el “frango” y la “imperial”); hay que practicar la pronunciación…

Porque sí, el español y el portugués son muy parecidos, pero precisamente por eso es muy fácil caer en el “portuñol”: un engendro que consiste en hablar español cambiando las palabras en “-ción” por “-ção” y los “-dad” por “-dade”. Y así se cae en el error de los “falsos amigos”: esas palabras que suenan igual en español y en portugués, pero significan cosas distintas, a veces opuestas. Unos pocos ejemplos: “presunto” en portugués significa “jamón”; “reformado”, “jubilado”; “espantoso” en portugués es algo muy bueno, así que puedes decirle a alguien que su casa es “espantosa” y quedarte tan tranquilo; “talho” (pronunciado como “tallo”) es la carnicería; y mi primera compañera de piso, se quedó muy sorprendida cuando le dije que iba a bajar a tirar la “basura”: en portugués, “basura” se dice “lixo”, y la “vassoura” es la escoba.

Pero no solo se trata de esas pocas palabras tramposas (“trampa”, por cierto, es otro falso amigo, pero no voy a decir lo que significa en portugués): los españoles también tenemos enormes problemas con la pronunciación -no solo en portugués, sino en general, en cualquier idioma. Nos cuesta muchísimo distinguir, por ejemplo, entre las “eses” sordas y sonoras; entre las “eses” y las “zetas” o “cedillas” (para entendernos); o entre las vocales abiertas y cerradas (por ejemplo, la diferencia entre “avó” y “avô”, “abuela” y “abuelo” respectivamente, es solo la abertura de la vocal). Algunas personas también tienen dificultades para pronunciar las vocales nasales, tan típicas del portugués: “mãe”, “coração”, “razões”. Y si a eso unimos que los portugueses tienen una capacidad sobrehumana para tragarse vocales y hablar sin abrir la boca, pues ya no es tan fácil el portugués como lo pintan…

Hay otro aspecto que a los españoles nos resulta algo desconcertante al aprender portugués: el de los tratamientos entre personas: en un ambiente formal, la gente no solo no se trata por “tú”, sino que ni siquiera usan el “você” (estoy hablando de Portugal, en Brasil sí que se usa), y se hablan unos a otros mencionándose en tercera persona aunque estén delante, y muchas veces usando sus “títulos”: senhor, doctor, professor… y eso cuando no lo juntan todo en un “excelentíssimo senhor professor doutor”. Porque esa es otra: en Portugal hay una cierta obsesión con los títulos, y todo el mundo es “doutor”, aunque no haya estudiado medicina ni tenga un doctorado. En la residencia en la que viví mi primer mes en Lisboa, me encantaba la manera en la que me despedía la casera: “Bom trabalho, doutor!”. Me hacía sentir importante.

Un par de anécdotas personales para ilustrar este último punto: cuando iba a ir a Portugal intercambié unos cuantos emails que la que iba a ser mi supervisora en Lisboa, y al quinto email, como veía que ella era muy cordial conmigo, me atreví a tutearla; ella no me corrigió, y así seguimos. Cuando llegué a Portugal, comprendí que aquello era MUY incorrecto: la gente no solo no la tutea, sino que la trata de “professora” y, por supuesto, en tercera persona. También fue un shock para mí, cuando en la primera reunión que tuve con ella, empezó a decir cosas como “espero que Santi esté a gusto”, “¿qué es lo que Santi va a hacer exactamente?”, o “Santi trabajará en la sala de investigadores”, que me daban ganas de contestar: “¡Estoy aquí! ¡Yo soy Santi! ¿Por qué habla de mí como si no estuviera?”. Ahora, en cambio, ya me he acostumbrado, y ese giro de la tercera-segunda persona me sale involuntariamente también al hablar o escribir en español.

En fin, que si me encuentras por la calle y me preguntas, ya sabes lo que te voy a contestar: Sí, el portugués es fácil. Sí, te entiendes con ellos casi sin saber hablarlo. Sí, se aprende en unos meses. Pero para hablarlo bien, hay que estudiarlo.

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Lisboa por Tomas Tranströmer

EN el barrio de Alfama cantaban los tranvías amarillos en las subidas.
Había allí dos cárceles. Una para los ladrones.
Saludaban a través de las rejas.
¡Gritaban que querían ser fotografiados!

«Pero aquí», dijo el conductor, riendo como un ser dividido,
«aquí están los políticos». Vi fachadas, fachadas, fachadas
y muy alto, en una ventana, un hombre
que con unos prismáticos miraba hacia el mar.

La colada colgaba en lo azul. Los muros estaban calientes.
Las moscas leían cartas microscópicas.
Seis años más tarde pregunté a una señora de Lisboa:
«¿Esto pasó así, o lo he soñado?»

(Traducción de Roberto Mascaró)

António Variações

Casi por casualidad me entero de que ayer habría cumplido 67 años el músico portugués António Variações, que nació (efectivamente) el 3 de diciembre de 1944. Y digo que “habría cumplido”, porque António Joaquim Rodrigues Ribeiro (su verdadero nombre) murió de SIDA en 1984, convirtiéndose en el primer personaje público portugués en fallecer a causa de esta enfermedad. Por eso, y por su peculiar estética y su asumida homosexualidad, se le ha llamado a veces “el Freddie Mercury portugués”. Desde un punto de vista español, António Variações habría encajado sin problemas en el panorama ochentero de la “Movida”.

Más allá de la estética, y a pesar de no tener ninguna formación musical formal, la música de António Variações ha tenido una gran influencia en el pop-rock portugués de las décadas siguientes: abrió una línea nueva que después han seguido otros grupos, y colaboró con algunas de las bandas más influyentes de la época, como GNR o Heróis do Mar. Sus canciones son variadas, aunque en general yo las describiría como “pop psicodélico”. Aquí van dos ejemplos: O corpo é que sofre y É p’ra amanhã.

Veinte años después de su muerte, en 2004, un grupo de músicos y cantantes de renombre, entre los que figuran el fadista Camané o la cantante Manuela Azevedo del grupo Clã, grabaron un disco con canciones inéditas de António Variações, encontradas en cintas y papeles. Entre estas canciones, sobresale Quero é viver, especialmente emotiva por ser, precisamente, una canción póstuma:

Portugal Confidential, segunda parte

Si hace algunos meses, Portugal se horrorizaba morbosamente con los detalles del asesinato de Carlos Castro (nunca un sacacorchos dio para tanto), ahora, entre los debates del Presupuesto Agresivo y macrojuicios por corrupción política (en todas partes cuecen habas), se ha colado otra historia menos truculenta que la del año pasado, pero que también parece sacada de un episodio de CSI.

El principal protagonista, y sospechoso de haber cometido el crimen, es Domingos Duarte Lima, un abogado y político portugués, diputado en varias ocasiones, y uno de los fundadores de la Associação Portuguesa Contra a Leucemia, enfermedad que superó y que, según dijo, le cambió la forma de ver la vida. Ahora este abogado está acusado de un homicidio cometido en Brasil en 2009, a cuenta de una herencia millonaria. Sigue leyendo

Descubrimiento

Acabo de darme cuenta de que, como mis dos años en Irlanda no fueron realmente dos años (estuve allí entre septiembre de 2007 y junio de 2009), Portugal es desde hace unos días el país en el que más tiempo he vivido aparte de España. No es que tenga especial importancia, pero bueno, es curioso darse cuenta de estas cosas…