Ode to posmodern odes

¡Oh, odas posmodernas,
que sois odas
y al mismo tiempo sois posmodernas,
yo os saludo!

Con ese humor tan vuestro,
oh, odas,
jajaja
hacéis que nos nazca una sonrisilla
tontorrona
como de padre orgulloso
(por lo menos a mí, que soy vuestro padre,
no sé a otros).

Y con vuestros temas ridículos,
oh, odas,
conseguís que nos demos cuenta
de lo absurdas que son nuestras vidas,
de lo estúpidos que somos
y del tiempo que perdemos leyendo
-y escribiendo-
gilipolleces en un blog.

¡Oh, odas posmodernas,
gracias por insultar nuestra inteligencia!

Ode to the Landlord (Hymn)

Oh, tú, landlord,
que en septiembre nos dijiste
“mi casa os dejo, mi casa os doy”
(en el principio era el verbo
con un acento de Kerry difícilmente comprensible):
ahora que ha llegado el final de los tiempos
no mires nuestros destrozos
ni la suciedad que hay a los dos lados del horno
sino lo bien que hemos pagado todos estos meses
y lo poco que te hemos molestado.

Tú, que en tu inmenso poder
cerraste una ventana que nadie más podía cerrar
(solo a ti te estaba destinada,
oh landlord),
y mandaste a alguien que arreglara el calentador de la ducha
-aunque a decir verdad nunca arreglaste
ni el timbre ni la luz de la entrada-.

Oh, landlord, ahora
que ha llegado el final de los días
ten piedad de tus tennants
y conforme a tu palabra concédeles
recuperar la fianza
y el dinero que han invertido en la casa
(una estantería, un armarito para el baño, un tendedero);
perdónanos la última factura del gas
y la electricidad
y reenvíanos el correo a la dirección que te digamos.

Tú, que alquilas y rentas
por los siglos de los siglos,
agur.

Waiting for Tesco

Como un amante impaciente
espero la llegada de mi pedido
junto a la ventana.

Sentado en la butaca leyendo un libro
como un amante impaciente
cada ruido me hace pensar que ya llega
mi pedido del Tesco
y levanto la mirada
pero nunca es mi pedido del Tesco
sino el camión de la basura
o el de las patatas.

Como un amante impaciente
que espera su pedido del Tesco
no me concentro en la lectura
y temo empezar cualquier otra cosa
por si llega mi pedido del Tesco
y tengo que interrumpirla.

Y cuando por fin veo
la furgoneta blanca
del Tesco
como un amante impaciente
sonrío
dejo el libro
me levanto de la butaca
y voy corriendo hacia la puerta.

Ode to the last resort men & women

Oh, hombres y mujeres del último recurso
que aguantáis hasta la hora de cerrar
en los bares
y discotecas del mundo…

Oh, hombres y mujeres del último recurso
que más allá de lo razonable
esperáis encontrar a la mujer o al hombre de vuestra vida
o por lo menos un cuerpo caliente
con el que achucharos
cuando ya todos vuestros amigos se han ido…

Oh, hombres y mujeres del último recurso
que representáis la esperanza más allá de la razón
la ilusión más allá de la realidad
el deseo más allá del alcohol…

Oh, hombres y mujeres,
yo os saludo.
Pero también os digo: ¿habéis pensado
que aunque encontrarais a la mujer o al hombre de vuestra vida
o por lo menos un cuerpo caliente
con el que achucharos,
habéis pensado, digo
que igual estáis tan borrachos
que todo sería inútil
y acabaríais apoyados en una esquina para no caeros
o impotentes (y nunca mejor dicho) en la cama
dormidos, cayéndoseos la baba
encima de una almohada que a lo mejor no es la vuestra
y roncando como osos?
(Eso si no termináis vomitando en el baño de un amigo turco que os ha invitado a tomar espaguetis)

Oh, hombres y mujeres del último recurso,
se acaba la noche.
Idos a casa.

Ode to Wikipedia

¡Oh, Wikipedia!
Tú contienes todas las cosas
(en tu versión inglesa, quiero decir,
en la española estamos en ello).

Tú eres el Aleph de Borges,
en ti están los desiertos australianos
y las selvas amazónicas;
las montañas más altas
y los valles más profundos;
eres tan borgiana
que te contienes a ti misma.

En ti está todos los grandes hombres:
Julio César, Alonso Quijano, el Dioni…;
en ti todo cabe
(con perdón de los delecionistas),
desde Platón hasta Sócrates,
desde la Gran Cadena del Ser
hasta la pelusilla del ombligo;
todo está en ti,
de costa a costa,
de polo a polo,
de norte a sur,
de ciento en viento,
de Pascuas a Ramos.

Algunas cosillas faltan
y algunas otras están mal
pero estamos trabajando en ello.

Ode to failure

Era una noche de mayo
cuando tú,
oh Terry,
el de la cara de oficinista,
te dispusiste a tirar el último penalty.
Las estrellas se detuvieron
en sus constelaciones,
oh Terry,
el de la cara de oficinista,
cuando tú te acercaste al balón
desde el centro del campo.
Y cuando tú,
oh Terry,
el de la cara de oficinista,
te disponías a chutar a portería
contra Van der Sar,
el de la cara de liebre,
hasta la hierba
contuvo el aliento
(y no porque tuviera miedo de Van der Sar),
oh Terry,
tú ya sabes.
Por eso,
oh Terry,
el de la cara de oficinista,
las gotas de lluvia conspiraron
para que tu pie izquierdo resbalara
tu pie derecho fallase el golpe
el balón fuese al palo
y Van der Saar
el de la cara de liebre
cantase victoria,
y yo,
oh Terry,
el de la cara de oficinista,
perdiese mi apuesta con mi amigo Diego
por tu culpa
por tu culpa
por tu gran culpa,
oh Terry,
el de la cara de oficinista.