El huésped (17)

Él: Hola.
La chica de la oficina que le gusta pero que no sabe cómo se llama: ¿Hola?
Él:
La chica de la oficina que le gusta pero que no sabe cómo se llama:
Él: ¿Alicia, te llamas…?
La chica de la oficina que le gusta pero que no sabe cómo se llama: Ana
Él: Ana.
Ana: Sí, Ana.
Él: Creo que nunca habíamos hablado.
Ana: Hace cinco años que trabajamos juntos.
Él: Creo que nunca habíamos hablado.
Ana: Ya.
Él: Oye, quería preguntarte…
Ana: ¿Sí?
Él: Me da un poco de vergüenza.
Ana: ¡Uy!
Él: Quería preguntarte…
Ana: ¿Sí?
Él: Cuando tienes la regla, ¿cómo es el dolor? ¿Es como una molestia constante? ¿O es más bien un pinchazo que viene y va, como cuando comes alubias y te dan gases? ¿Cuántos días te duele durante la regla? ¿Sangras mucho? Yo no sangro…
Ana: ¿Cómo?
Él: ¿Te duele más por la noche o por el día? ¿Hay algunas horas en las que te duela más? ¿Cuado estás tumbada o cuando estás de pie? ¿Con calor o con frío?
Ana: No entiendo…
Él: Claro, es que no sabes… Es que yo tengo… Yo tengo…
Ana: ¿Sí?
Él: Tengo…
Ana: ¿Sí?
Él: Tengo un gato. Tengo un gato. Se llama Fluzo.
Ana:
Él: Bueno, te dejo. Si quieres luego me mandas un email y me contestas. Buenos días, Alicia.
Ana: Ana.
Él: Eso, Ana. Hasta luego.

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El huésped (16)

“La naturaleza humana era antes muy diferente de como es hoy día. Al principio hubo tres clases de hombres los dos sexos que subsisten hoy día y un tercero compuesto de estos dos y que ha sido destruido y del cual sólo queda el nombre. Este animal formaba una especie particular que se llamaba andrógina porque reunía el sexo masculino y el femenino, pero ya no existe y su nombre es un oprobio. En segundo lugar, tenían todos los hombres la forma redonda, de manera que el pecho y la espalda eran como una esfera y las costillas circulares, cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras fijas a un cuello orbicular y perfectamente parecidas; una sola cabeza reunía estas dos caras opuestas la una a la otra; cuatro orejas, dos órganos genitales y el resto de la misma proporción. Marchaban erguidos como nosotros y sin tener necesidad de volverse para tomar todos los caminos que querían. Cuando querían ir más deprisa se apoyaban sucesivamente sobre sus ocho miembros y avanzaban rápidamente por un movimiento circular, como los que con los pies en el aire hacen la rueda.

[…]

Por fin, después de largas reflexiones, y de tener en cuenta que si los hombres desaparecieran desaparecerían también el culto y los sacrificios que aquéllos les tributaban, se expresó Júpiter en estos términos: ‘Creo haber encontrado un medio de conservar a los hombres y de tenerlos más reprimidos, y es disminuir sus fuerzas. Los separaré en dos y así los debilitaré y al mismo tiempo tendremos la ventaja de aumentar el número de los que nos sirvan: andarán derechos sostenidos solamente por dos piernas, y si después de este castigo conservan su impía audacia y no quieren estar tranquilos, los separaré de nuevo y se verán obligados andar sobre un pie solo, como los que en las fiestas en honor de Baco bailan sobre un pellejo de vino’.

»Después de esta declaración hizo el dios la separación que acababa de resolver, cortó a los hombres en dos mitades, lo mismo que hacen los hombres con la fruta cuando la quiere conservar en almíbar o cuando quieren salar los huevos cortándolos con una crin, partiéndolos en dos partes iguales. A continuación ordenó a Apolo que curara las heridas y que colocara la cara y la mitad del cuello en el lado por donde se había hecho la separación, a fin de que la vista del castigo los volviera más modestos. Apolo les puso la cara del modo indicado y recogiendo la piel cortada sobre lo que hoy se llama el vientre, la reunió a la manera de una bolsa que se cierra dejando una abertura en medio, que es lo que llamamos ombligo. Pulió los demás pliegues, que eran numerosos, y arregló el pecho dándole forma con un instrumento parecido al que emplean los zapateros para pulir el cuero sobre la horma y dejó solamente algunos pliegues sobre el vientre y el ombligo, como recuerdo del castigo anterior”.

Platón: El banquete

El huésped (15)

Algunas noches, cuando el dolor del costado arrecia, coge a Fluzo, se lo pone encima de la tripa (encima del ovario) y le dice: “¡Araña, Fluzo, araña! ¡Rasga, abre, come! ¡Mastica!”.

Se imagina que, como el águila de Prometeo, Fluzo va a abrir un agujero en el vientre, va a escarbar hasta el ovario y lo va a devorar con su pico, perdón, con sus fauces.

Lo que se le olvida, por su cultura clásica es un poco superficial, es que a Prometeo el hígado le volvía a crecer por la noche, para que el águila volviera a tener alimento al día siguiente. (Qué cabrón, el Zeus).

Otra cosa que se le olvida es que Fluzo es un gato, y los gatos aceptan mal las instrucciones: en vez de arañar, rasgar, abrir, comer, masticar, Fluzo lo mira con indiferencia, le dedica un bostezo y se va a dormir al sofá que, este sí, está arañado, rasgado, abierto, comido, masticado.

Al final, dolor o no, consigue dormirse. Sueña con pájaros enormes y con unas manzanas doradas.

El huésped (14)

Para: Olga López Mariño
Asunto: Ovario

Hola, Olga!

Te debe sorprender que te escriba después de tanto tiempo no? A mí también me sorprende sobre todo después de cómo nos despedimos y de las cosas que me dijiste, cabrón, idiota, hijo de puta, esas cosas que me dijiste, te acuerdas?

Bueno, da igual, te escribo porque me ha pasado algo, o sea tengo algo, me han dicho, joder, me han descubierto que tengo un ovario. Tengo un ovario, eso es lo que te tenía que contar y por eso te escribo después de tanto tiempo. Me empezó a doler la tripa, o la tripa no, no era un dolor como cuando te has comido un plato demasiado grande de callos, da igual, me dolía la tripa, me hicieron pruebas, tengo un ovario.

Por eso te escribo, porque a pesar de cómo terminamos y de las cosas que me dijiste, cabrón, idiota, hijo de puta, todo eso, todavía sigues siendo probablemente la persona que mejor me conoce en este mundo.

Y por eso quería preguntarte, esto es lo que quería preguntarte, ¿tú crees que soy normal?

Y también, otra cosa, me da un poco de vergüenza pero aquí va. Cuando estábamos juntos, ¿me portaba bien? Quiero decir, en la cama y eso. ¿Rendía? ¿Tú te lo pasabas bien conmigo? ¿Me comportaba como un hombre? Sí, creo que eso es lo que quiero decir: ¿me comportaba con un hombre? ¿Tú tenías la sensación de estar en la cama con un hombre, o, no sé, con otra cosa?

No sé si me vas a contestar o no. Me muero de vergüenza. Pero es peor no preguntar, ¿no?

Un beso.

El huésped (13)

1.- La gente lo mira raro por la calle.

1.1.- Él imagina que la gente lo mira raro por la calle.

1.2.- Él imagina que la gente lo mira raro por la calle, lo que hace que adopte actitudes raras que hacen que la gente lo mire raro.

2.- Intenta adoptar una actitud normal.

2.1.- No recuerda cómo era una actitud normal, cuando todavía era normal.

2.2.1.- i.e. cuando todavía no tenía un ovario en el abdomen

2.2.- La actitud normal que adopta no es una actitud normal, sino una parodia de una actitud normal.

2.2.1.- Como si a un actor le dijeran: actúa como una persona normal, PERO MÁS.

2.3.- ¿Cómo es una actitud normal?

2.3.1.- ¿Dónde coloca los brazos al andar una persona normal?

2.3.2.- ¿Cómo mueve los hombros al andar una persona normal?

2.3.3.- ¿Hacia dónde mira al andar una persona normal?

2.3.4.- Etc.

3.- De tanto intentar andar normal por la calle, se le enredan las piernas con el paraguas y se cae al suelo.

3.1.- Entonces sí que la gente le mira.

3.2.- Algunos se ríen.

3.3.- Una chica con buen corazón le ayuda a levantarse.

3.2.- A él le da todo tanta vergüenza que por un momento se olvida de que tiene un ovario en el abdomen.

3.2.1.- Pero solo por un momento.

4.- Durante el resto del camino hasta casa ya no le importa que la gente le mire raro por la calle.

4.1.- Tiene sucias las manos.

4.2.- Tiene roto el pantalón a la altura de la rodilla.

4.2.1.- Y en la rodilla tiene un rasponazo que sangra un poco.

4.3.- Tiene un dolor en el hombro que espera que no sea nada.

4.4.- Tiene la cara caliente

4.4.1.- Por la vergüenza.

4.4.2.- Por el golpe.

4.4.3.- Por tener un ovario en el abdomen.

4.4.4.- Porque la gente le mira raro por la calle.

5.- Llega a casa y ya no tiene que intentar ser normal.

5.1.- Es entonces cuando se comporta con más normalidad.

5.1.1.- Coloca los brazos donde le da la gana.

5.1.2.- Mueve los hombros como le da la gana.

5.1.3.- Mira hacia donde le da la gana.

5.1.4.- Etc.

6.- Todo esto Fluzo lo ve desde su rincón, y no le importa demasiado.

6.1.- Que es exactamente como tiene que ser.

El huésped (12)

En el trabajo le trataban igual que siempre, así que por momentos se siente igual que siempre: el dolor del abdomen ha pasado gracias a los calmantes, Fluzo ha vuelto a su indiferencia habitual y su madre, que le sigue llamando varias veces por día, no le llama para preguntarle por el dolor del abdomen (del que aparentemente no se acuerda) sino para contarle la última locura de su padre, que ya sabes cómo es, no hay quien le entienda.

La rutina tiene un efecto calmante: sentado en el escritorio de la oficina, releyendo informes de los peritos de la compañía (informes sobre los cuales él tendrá a su vez que hacer un informe) consigue olvidarse del hospital, de las pruebas, de los resultados, de su ovario.

(Ovario. No puede decir la palabra ovario, ni siquiera pensarla, sin dar un respingo. Y sin embargo la palabra ovario le vuelve a la imaginación todo el tiempo, como un picor que cuanto más lo rascas, más pica).

Hay una chica que le gusta en la oficina; no está enamorado de ella, porque estar enamorado de alguien es cosa de adolescentes. Le gusta, esa es la palabra más exacta, le gusta mucho, y querría invitarla a cenar un día o a ir al cine o algo, si no le diera tanto miedo que ella pudiera rechazarlo o, peor, aceptar salir con él para después encontrarlo aburrido, soso, insoportable.

Ahora que sabe que tiene un ovario (¡ovario!) en la parte izquierda de su abdomen, invitarla a cenar o al cine o algo le parece más urgente que nunca, pero también más difícil. Piensa: “Si saliera con ella, si me armase de valor y la invitase a cenar, o a ir al cine, o algo, ¿en qué momento debería decirle que tengo un ovario en el lado izquierdo del adbomen? Si se lo digo muy pronto, puedo asustarla; si se lo digo muy tarde, puede pensar que estoy ocultándole información, y salir huyendo”.

Se dice que no tiene tanta importancia, que no es como una enfermedad venérea. Se dice que es mucho peor, porque una enfermedad venérea es algo común y corriente, y en cambio que un hombre tenga un ovario… Así que no se atreve a invitarla a cenar, ni a ir al cine, ni a nada, y sigue releyendo informes y redactando informes sobre los informes, y sintiéndose un bicho raro en su pequeño cubículo blanco.

El huésped (11)

En la cama con Judith Butler:

If it is possible to speak of a “man” with a masculine attribute and to understand that attribute as a happy but accidental feature of that man, then it is also possible to speak of a “man” with a feminine attribute, whatever that is, but still to maintain the integrity of the gender. But once we dispense with the priority of “man” and “woman” as abiding substances, then it is no longer possible to subordinate dissonant gendered features as so many secondary and accidental characteristics of a gender ontology that is fundamentally intact. If the notion of an abiding substance is a fictive construction produced through the compulsory ordering of attributes into coherent gender sequences, then it seems that gender as substance, the viability of man and woman as nouns, is called into question by the dissonant play of attributes that fail to conform to sequential or causal models of intelligibility.

(Mientras tanto, en la televisión James Bond interpretado por Pierce Brosnan besa a una mujer a la que las tetas no le caben en la camiseta; casi se podría decir que las tetas no le caben en el cuerpo).

Gender can denote a unity of experience, of sex, gender, and desire, only when sex can be understood in some sense to necessitate gender—where gender is a psychic and/or cultural designation of the self—and desire—where desire is heterosexual and therefore differentiates itself through an oppositional relation to that other gender it desires. The internal coherence or unity of either gender, man or woman, thereby requires both a stable and oppositional heterosexuality. That institutional heterosexuality both requires and produces the univocity of each of the gendered terms that constitute the limit of gendered possibilities within an oppositional, binary gender system. This conception of gender presupposes not only a causal relation among sex, gender, and desire, but suggests as well that desire reflects or expresses gender and that gender reflects or expresses desire.

Se cansa de leer poco después, cierra el libro y abre el ordenador. Entra en una página de porno gratuito y busca porno con mujeres asiáticas, mujeres con caras infantiles y tetas pequeñas (a lo mejor para compensar las tetas enormes de la mujer a la que besaba James Bond). Se hace una paja, no porque realmente tenga ganas, sino porque cree que así se sentirá mejor. Solo al final se da cuenta de que Fluzo está en el cuarto, mirándole con una expresión difícil de interpretar, y entonces tiene que levantarse e ir al baño a limpiarse.