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Times Square

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World Trade Center

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Naciones Unidas

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Estatua de la Libertad

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St Patrick's Cathedral

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Rockefeller Center

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Celebrity Spotting: Meg Ryan

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Grand Central Station

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Catedral de Saint John the Divine

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Broadway

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Columbia University

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Central Park

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Algunos rincones ocultos de Lisboa

Hay partes de Lisboa que todos los turistas ven, porque son los que salen en las guías y también (sí, no seamos snobs) porque merece la pena verlas: Belém, Alfama, el Castillo, la Baixa… Pero hay otros rincones que se descubren por casualidad o porque te lleva alguien, y que también merecen la pena, sobre todo si se pasa algo más de tiempo en la ciudad. Aquí va una lista desordenada con un poco de todo: monumentos, miradores, restaurantes, bares… Por supuesto es una lista muy personal y se admiten sugerencias en los comentarios (amigos lisboetas, es vuestra oportunidad).

Igreja de São Domingos: Muy cerca de la zona turística pero fuera de las rutas habituales, al ladito de Rossio, a la izquierda del Teatro Nacional y pasada A Ginjinha (que por sí misma ya justifica una visita) está esta iglesia, que por fuera no parece gran cosa, pero por dentro impacta. Creo que es mejor que no dé detalles sobre lo que la hace especial y distinta a casi cualquier otra iglesia que se puede ver en el mundo. También conviene fijarse en los monumentos y placas que conmemoran las matanzas de judíos de comienzos del siglo XVI en Lisboa, justo enfrente.

Casa do Alentejo: En la Rua das Portas de Santo Antão (paralela a Avenida Liberdade y también cerca de Rossio). Otro ejemplo de un edificio que engaña por fuera: parece una casa más, incluso feúcha, gris, cementosa. Pero cuando entras y subes unas escaleritas te encuentras con un patio de estilo árabe incluso con su fuente en medio, y en el piso de arriba, con dos salas de aire modernista y decadente, de techos descascarillados y grandes espejos. Se puede comer en el restaurante del primer piso, aunque es algo caro para los estándares lisboetas.

Centro Comercial da Mouraria: Este ya puede no ser plato para todos los gustos: bajo el Largo de Martim Moniz y junto a la Mouraria, que es donde se concentra una parte de la población inmigrante de Lisboa, hay un “Centro Comercial da Mouraria” que es verdaderamente curioso: está lleno de tiendas de y para chinos, indios o africanos, y de hecho casi no se ve un solo hombre-blanco-occidental paseándose por allí. La zona está considerada como algo peligrosa, así que a lo mejor no conviene ir solo ni luciendo super-mega-cámaras de 5000€, pero la verdad es que a mí el mercado no me da absolutamente ninguna sensación de inseguridad.

Miradores: Seguramente los turistas típicos lleguen a conocer dos o tres de los miradores de Lisboa: el de São Pedro de Alcántara, el de Graça o el del Castillo; que son muy bonitos todos, no digo que no. Pero hay otros que son igual de bonitos o más, y que la gente no conoce, como por ejemplo el Miradouro de Nossa Senhora do Monte (pasado el de Graça, como a diez minutos andando); el de Santa Catarina o Adamastor (junto a Bica, con vistas al Tajo, al Puente 25 de Abril y al Cristo de Almada) o el de Torel (escondido en la zona de Lavra, con varios niveles y terrazas superpuestas). Y bueno, porque mis compañeros de piso si no se enfadan, incluyo aquí también el Miradouro de Penha de França, desde el que (dicen ellos) se puede ver toda Lisboa.

Paseo junto al Tajo: Aunque también se puede andar junto al Tajo en la zona de Belém (entre el Padrão dos Descubrimentos y la Torre), hay otro paseo casi más bonito que empieza en la estación de tren (y de barco) de Cais do Sodré, y sigue en dirección a Santos, o sea, hacia la desembocadura. Además de las vistas del río y de los trasbordadores que lo cruzan, la zona está llena de terracitas, bares y discotecas para “pasar el rato”…

Club Bacalhoeiro: Esta recomendación también es para turistas algo alternativos, preferiblemente (aunque no exclusivamente) jóvenes. Está en la Rua dos Bacalhoeiros (junto a la Baixa, casi paralela a la Rua da Alfândega) y se encuentra en un segundo piso de una casa normal. Menos en agosto, que cierra, el resto del año ofrece una programación variada para cada día de la semana: martes película, miércoles jazz, jueves DJ, etc. Es una versión underground del Chapitô, que también merece una visita, aunque solo sea por las vistas que tiene sobre la Baixa.

Ti Natércia: Un resturante mínimo, con sitio para aproximadamente 15 personas, en el que la dueña (la mismísma Natércia, una mujer encantadora) hace de cocinera, camarera, gerente y relaciones públicas. Se recomienda altamente llamar antes para reservar, porque como es tan pequeño se llena enseguida; y también se recomienda encargar un “Bacalhau folhado”, que suena muy mal pero está riquísimo: es un hojaldre relleno de bacalao desmigado, mezclado con tomate, pimiento y varias cosas más. Por si fuera poco, encima es barato.

Cafetería de los Almacenes Pollux: En la Baixa, donde la Rua dos Franqueiros se cruza con la Rua Santa Justa, hay un centro comercial que es algo así como el Corte Inglés pero en portugués y en pequeño. No es que yo recomiende ir de compras cuando se viene a Lisboa, pero es que si se sube hasta el último piso (el 9.º, creo, aunque el ascensor solo llega hasta el 8.º) hay una cafetería con una terracita que tiene unas vistas preciosas de la Baixa, y en especial del Elevador de Santa Justa, que queda justo enfrente. Y no es caro.

Actualización 1: Pavilhão Chinês: Kristian, un compañero de trabajo, me recuerda este curioso café en la zona de Príncipe Real (en la parte alta del Bairro Alto, donde termina la Rua da Rosa, por ejemplo). A pesar de su nombre, no parece chino más que exteriormente. En el interior, vitrinas y más vitrinas llenas de todo tipo de colecciones: de marionetas, de soldaditos de plomo, de objetos militares, de mapas, de armas… Como bar, es bastante caro (una cerveza, 3€, y de ahí para arriba), pero merece la pena pagarlo -una vez- a cambio de poder pasearse por dentro.