El edificio (reboot, 30)

(—Te quiero mucho, te quiero más incluso que al edificio.

—No me mientas: no es posible querer a nada ni a nadie más que al edificio.

—Tienes razón; pero si el edificio no existiera, tú serías lo que yo más querría en el mundo.

—Si el edificio no existiera, ¿qué sentido tendría quererse?)

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El edificio (reboot, 29)

Se han documentado fechas muy diferentes para el día de la inauguración del edificio: 21 de marzo de 2151; 15 de abril de 2095; 1 de enero de 2100; 6 de agosto de 1945; 22 de noviembre (sin año); 16 de mayo de 2222, 17 de mayo de 2222, 18 de mayo de 2222; 2 de abril de 1651; 31 de agosto del año pasado; 2 de febrero de 1015, 30 de noviembre de 20000; 20 de Termidor del año IV; 14 de diciembre de 1412; 4 de julio de 1777…

El motivo de que haya tantas fechas diferentes es que quien ve el edificio no se imagina que pueda haber un momento en el que no haya existido; el edificio está en el espacio, no en el tiempo. No es eterno, simplemente es, como el unverso, y nadie diría que una existencia tan maciza y tan densa haya nacido algún día y pueda algún día desaparecer.

El edificio (reboot, 28)

Algo que se descubrió relativamente pronto, cuando el edificio todavía estaba en los huesos, es que los animales se negaban a entrar en él. Algunos trabajadores tenían gatos, perros, pájaros, peces, tortugas, hamsters, serpientes, e intentaron llevarlos consigo a sus nuevas casas. Pero los animales se resistían con todas sus fuerzas antes de entrar, hasta el punto de autolesionarse con los transportines, estrangularse con las correas, golpearse con las barras de las jaulas hasta morir o saltar fuera de sus peceras y acuarios. Los que eran introducidos por la fuerza en el edificio, enloquecían y huían en cuanto era posible. En el edificio tampoco había mosquitos, arañas, ratas, polillas, cucarachas u hormigas. Luego se descubrió que para que un animal pudiese habitar el edificio sin enloquecer, tenía que haber nacido dentro del edificio; entonces lo que no soportaba (hasta el punto de la locura o el suicidio) era el exterior, el espacio abierto.

La pregunta, entonces, era por qué esto no pasaba también con los seres humanos. O tal vez sí pasase.

El edificio (reboot, 27)

Cariño, déjame que te explique: el edificio… el edificio no es solo un edificio, no es una construcción de metal y hormigón, una estructura recubierta de paredes de pladur, cables de todo tipo y muebles baratos. El edificio tampoco es un símbolo ni una metáfora; reducirlo a un símbolo o una metáfora sería como decir que no existe, y el edificio, si algo hace, es existir. Déjame que te explique mejor: el edificio es algo más y algo menos de lo que es, es el espíritu de todos los que viven en él, de los que no tienen la suerte de vivir en él, de los que fueron y los que serán, pero al mismo tiempo de ninguno de ellos, porque todos ellos son reemplazables. Solo el edificio es eterno, incluso cuando ya no lo sea. Creo que no me estoy explicando, cariño. Déjame que te lo diga así: el edificio es la hostia.

El edificio (reboot, 26)

El arquitecto primero del edificio, que murió mucho antes de que el edificio estuviese terminado, si lo viera ahora, no lo reconocería. “Ese monstruo no es mi hijo”, diría. Pero no lo diría con rabia o con sorpresa, sino con miedo, con respeto reverencial. “Ese monstruo no es mi hijo, yo soy hijo suyo”, aclararía, “todos somos hijos de este edificio monstruoso y brutal”.

El edificio (reboot, 25)

El edificio tardó en construirse (desde la colocación de la primera piedra hasta la inauguración oficial, únicas datas conservadas y mensurables) setenta y siete años, tres meses y doce días.

A partir de ese momento (del momento de la inauguración del edificio) esa se constituyó en la medida de todo tiempo humano: la historia, la edad, los partidos de fútbol. “Qué pena, ha muerto joven, solo tenía un tercio de edificio”, decían; o: “Los tártaros invadieron Crimea siete edificios antes del edificio”.

La conversión no fue fácil; hubo ciertas resistencias y durante algunos edificios en algunas zonas se siguió usando el arcaísmo “años”. Pero poco a poco la gente se acostumbró, como nos acostumbramos siempre a las cosas que son inevitables y estúpidas.

 

El edificio (reboot, 24)

(Dicen que desde que existe el edificio, el cielo ya no es azul -ya no es azul como antes, dicen-, porque el edificio capta la luz del sol y la descompone en todos los colores como el arco iris y una vez descompuesta la refleja a cada uno de los rincones del planeta, así que el cielo puede ser verdoso en Rusia y naranja en Namibia y en Australia negro, porque es de noche, y hay gente que se arrodilla y agradece al edificio ese cielo rosado que le cubre, y hay quien se tira cabeza abajo y maldice porque nunca más nunca más nunca más el cielo azul y el mar azul reflejando el cielo azul y ya no tiene remedio, qué le vamos a hacer, por lo menos la sangre sigue siendo roja).