Pequeño divertimento familiar

“Qué gordo te has puesto”, me dice mi madre cuando me ve. “Estás más gordo que la última vez”, me dice cuando vuelve a verme un mes más tarde. “Estás más gordo”, repite cuando vuelvo a casa por Navidad, y eso que todavía no han pasado las navidades. Y cada vez que me lo dice me hincho más y más como un globo, y si sigue este ritmo tengo miedo de estallar dentro de dos visitas en el área de llegadas del aeropuerto de Bilbao.

“¡Huy qué delgado estás! ¿Ya comes bien?”, me dice mi abuela nada más verme, y al instante me desinflo con un resoplido de alivio.

Anuncios

#NotInMyName

Soy vasco, pero no soy un terrorista.

Cuando me preguntan: “¿De dónde eres?”, unas veces digo “vasco”, otras “español”, otras “de Bilbao”, o combino varias respuestas en una, pero no soy un terrorista.

Me gusta la carne poco hecha, pero no soy un terrorista.

Fui de Gesto por la Paz durante un tiempo, luego lo dejé, pero no soy un terrorista.

Leo literatura vasca ¡en euskera!, pero no soy un terrorista.

Me gusta el fútbol, soy socio del Athletic de Bilbao, pero no soy un terrorista.

Confieso haber usado la expresión “conflicto vasco”, y seguir usándola incluso, pero no soy un terrorista.

Tuve una novia de San Sebastián, pero no soy un terrorista.

Escribo “Bizkaia” y no “Vizcaya”, pero no soy un terrorista.

Me gusta cenar de pintxos, pero no soy un terrorista.

Creo que en España ha habido torturas y terrorismo de estado, pero no soy un terrorista.

Algunas canciones de Benito Lertxundi me ponen los pelos de punta, pero no soy un terrorista.

No quiero que en el País Vasco haya una transición “a la española”, pero no soy un terrorista.

En mi casa siempre hay una botella de patxarán, pero no soy un terrorista.

Creo que puede existir el perdón de las víctimas, y el arrepentimiento de algunos victimarios, pero no soy un terrorista.

Si estoy mucho tiempo sin volver a Bilbao, cuando el avión aterriza en Loiu me emociono, pero no soy un terrorista.

No soy un terrorista, pero no soy un terrorista.

Espero no tener que volver a repetirlo nunca más.

Lo conocido, con ojos diferentes

ビルバオ

Flag of the Basque Country.svg バスク州
Bizkaikobanderea.svg ビスカヤ県
面積 41.31km²
標高 8.8m
人口 353,187人(2,010年) 人 ()
人口密度 8,549.67人/km²
自治体首長 イニャーキ・アスクーナ・ウレータ(EAJ-
PNV
守護聖人 Santiago el Mayor
Bilbao / Bilboの位置

Bilbao / Bilbo
スペイン内のビルバオの位置
Bilbao / Bilboの位置

Bilbao / Bilbo
ビスカヤ県内のビルバオの位置

北緯43度15分25秒 西経2度55分25秒

Bizkaia municipalities Bilbao.PNG

ビルバオスペイン語:Bilbao、バスク語:Bilbo)は、スペイン北部の都市。バスク州ビスカヤ県の県都である。人口は約35万4千人で、スペイン第10位。スペイン北部屈指の港湾都市で、鉄鋼業が盛んである。

地勢

ビスケー湾に近い、ネルビオン川沿岸に位置する。スペイン北部屈指の港湾都市であるため、現在では、スペイン内外からの移民も多い。約20キロ東には、ナチスの爆撃、パブロ・ピカソの絵画で知られるゲルニカが位置する。約70キロ北西には、サンタンデールが位置する。

歴史

1300年6月30日、 ビスカヤの領主ディエゴ・ロペス・デ・アロ5世によって、川岸の漁村(現在は旧ビルバオと呼ばれる)の対岸であるネルビオン川左岸に建設された。ビルバオ の名前の由来は確かではないが、古スペイン語の「bel vado」(よい浅瀬)やバスク語の「bi albo」(2つの川岸)から来ているという説もある。ビスカヤの領主はビルバオに特権を与え、町は発展した。町はサンティアゴ・デ・コンポステーラの巡礼路の途上にあったため、それにちなんで「サンティアゴ教会」(聖ヤコブの教会)が建設された。

ビルバオ市街

サンティアゴ教会

15世紀には町を巡る貴族間の戦争が起き、3度の洪水に見舞われてダメージを受けたが、町は再建され市壁を越えて成長を続けた。16世紀にはメリノ種の羊毛をヨーロッパ北部へ輸出する港となり、スペイン黄金時代には北スペインでの商業・金融の中心地となった。

周囲の丘から鉄鉱が発見され、ビルバオは着実に富を増やし続けた。19世紀の産業革命によって鉱業、製鉄、造船業が発展した。20世紀始めにはスペイン一豊かな都市となり、現在スペイン第2の銀行ビルバオ・ビスカヤ・アルヘンタリア銀行の前身銀行のうちの二つビルバオ銀行ビスカヤ銀行や保険会社が設立された。19世紀末には市街は2倍に拡張された。

20世紀のスペイン内戦では、ビルバオは共和国政府側に立ち、初めての「バスク自治政府」がこの地でホセ・アントニオ・アギーレを首班として設立された。都市は防衛のために要塞化されたが、1937年6月19日フランコ軍により陥落した。

現在のビルバオは、従来の工業から観光とサービス業に軸足を移すために再開発を続けている。1995年に地下鉄、2002年に市電が開業し、グッゲンハイム美術館が建てられた。

人口

2011年1月1日現在の人口は352,700人。

ビルバオの人口推移(1900年 – 2010年)
 1900  1910  1920  1930  1940  1950  1960  1970  1981  1991  2000  2010
 83,306  93,536  112,819  161,987  195,186  229,334  297,942  410,490  433,030  372,054  354,271  353,187
出典:INE(スペイン国立統計局)1900年 – 1991年[2]、1996年 – [3]

気候

ビスカヤ湾に近いビルバオは西岸海洋性気候で、年間を通じて降水量があり、明確に定義された乾燥した夏がない。降水量は豊富であり、これは緯度と大気の変動からもたらされる。年全体で雨天の日が45%、曇りの日が40%を占める[4]。10月から4月にかけて、そして11月が最も降水量が多い時期である。周囲の山々に積もる雪が見られる一方、雪が都市で頻繁に見られることはない。みぞれはより頻発し、主として冬の数ヶ月、年間およそ10日間ほどある[5]

[隠す]ビルバオの気候
1月 2月 3月 4月 5月 6月 7月 8月 9月 10月 11月 12月
平均最高気温 °C (°F) 13.2
(55.8)
14.5
(58.1)
15.9
(60.6)
16.8
(62.2)
20.1
(68.2)
22.6
(72.7)
25.2
(77.4)
25.5
(77.9)
24.4
(75.9)
20.8
(69.4)
16.4
(61.5)
14.0
(57.2)
19.1
(66.4)
日平均気温 °C (°F) 9.0
(48.2)
9.8
(49.6)
10.8
(51.4)
11.9
(53.4)
15.1
(59.2)
17.6
(63.7)
20.0
(68)
20.3
(68.5)
18.8
(65.8)
15.8
(60.4)
12.0
(53.6)
10.0
(50)
14.3
(57.7)
平均最低気温 °C (°F) 4.7
(40.5)
5.1
(41.2)
5.7
(42.3)
7.1
(44.8)
10.1
(50.2)
12.6
(54.7)
14.8
(58.6)
15.2
(59.4)
13.2
(55.8)
10.8
(51.4)
7.6
(45.7)
6.0
(42.8)
9.4
(48.9)
降水量 mm (inch) 126
(4.96)
97
(3.82)
94
(3.7)
124
(4.88)
90
(3.54)
64
(2.52)
62
(2.44)
82
(3.23)
74
(2.91)
121
(4.76)
141
(5.55)
116
(4.57)
1,195
(47.05)
平均降水日数 13 11 11 13 12 8 7 8 9 11 12 12 128
平均月間日照時間 86 97 128 128 160 173 188 179 157 123 93 78 1,584
出典: Agencia Estatal de Meteorología,[6] Aena[7]

観光

ビルバオ・グッゲンハイム美術館

1997年ビルバオ・グッゲンハイム美術館がオープンした。ジョアン・ミロアンディー・ウォーホルルイーズ・ブルジョワなど、現代絵画を中心に多くの作品が展示されている。

また、ビルバオ美術館(es)もスペインでも優れた美術館と評判が高く、こちらはアンソニー・ヴァン・ダイクバルトロメ・エステバン・ムリーリョエル・グレコフランシス・ベーコンゴヤポール・ゴーギャン、ポール・セザンヌ、歌川国貞などを展示している。

更に多くの大聖堂やオペラ劇場もある。ビルバオは1999年の映画「007 ワールド・イズ・ノット・イナフ」の舞台ともなった。

町の中を流れる川の河口付近に架かるビスカヤ橋が2006年、世界遺産に登録された。

交通

高速道路
フランス国境からドノスティア=サン・セバスティアン、ビルバオを結ぶAP-8と、ビルバオからログローニョサラゴサを結ぶAP-68が通っている。
空港
市の北11kmにビルバオ空港(en)がある。旅客数ではスペイン北部最大。マドリードバルセロナ、ヨーロッパ各国からの便がある。格安航空便による観光客の増加のために、2000年に拡張された。

市電EuskoTran

鉄道
通勤路線としてスペイン国鉄が3路線、スペイン狭軌鉄道が1路線、バスク鉄道が3路線ある。2002年に市電EuskoTran(es)が開業した。マドリードからの長距離列車は、1日1便で6時間かかる(夜間には寝台特急もある)。
地下鉄
ビルバオ地下鉄(es)が1995年に開業。2路線38kmで、市内と近郊の都市を結んでいる。

スポーツ

(Fuente)

Pequeño recuerdo motorizado

El coche de mi infancia fue un Simca 1200, de un color blanco sucio (pero no sé si el color original era así o se había ensuciado con los años) y un techo negro que tenía la capacidad de absorber el calor mejor que cualquier panel solar actual. Era uno de aquellos coches que simbolizaban el ascenso de la clase media española de los años 70, que vivía algo parecido al Sueño Americano en versión de Berlanga.

En aquel coche hacíamos viajes que hoy parecen de una inconsciencia y una incomodidad pasmosas: mis padres, mis abuelos, mi hermano y yo, todos arrebujados en los asientos (sin ponernos el cinturón, que entonces era para cobardes o desconfiados), mirando las nubes para intentar no marearnos, aburridos y sudorosos desde Bilbao hasta Villasana de Mena donde mis abuelos tenían una casa, por carreteras secundarias que en aquel tiempo eran las únicas que había.

(Cuando pasábamos por Valmaseda había que cerrar las ventanas para que no entrase el olor del humo de la fábrica de papel).

Del mismo modo que durante la infancia los padres son perfectos (hasta que dejan de serlo y se convierten en personas), también aquel coche era, para mí, el coche. Con sus grandes faros redondos, era fácil humanizarlo, aunque creo que nunca llegamos a ponerle nombre.

Naturalmente, me dio mucha pena (aunque no lloré, porque ya era un chico grande) cuando algunos años más tarde mis padres decidieron sustituirlo por otro coche más nuevo, más grande, más seguro y que tenía, maravilla de maravillas, radio y aire acondicionado.

Una historia de fútbol

A principios de los años 70 (muy poca gente sabe esto, y los que lo saben no quieren recordarlo, y los que lo recuerdan no quieren hablar de ello) el Athletic fichó a un jugador argentino de ascendencia vasca (por parte de madre) llamado Julián ‘el Topo’ Larrechea. Era un chavalito de diecinuevee años que venía de marcar veintitrés goles en su primera temporada con el Newell’s Old Boys y que estaba en la agenda de River, decían. Pero el Athletic se adelantó.

En aquella época, en que los fichajes transatlánticos eran mucho menos habituales, el fichaje causó una cierta revolución; parecía contrariar, además, la regla sacrosanta en el Athletic de no fichar jugadores de fuera del País Vasco (y aledaños), pero en este caso se hizo la vista gorda, porque la madre era vasca y había vivido en Amurrio hasta que Julián cumplió los dos años, y porque el chico era muy joven pero muy bueno, decían, iba a ser una estrella.

El Topo era un delantero pequeño, ratonero, oportunista, una especie de adelanto de lo que sería Dani Ruiz Bazán pocos años más tarde. En las primeras diez jornadas de liga el Topo marcó ocho goles, uno de ellos el que dio el triunfo al Athletic en el Camp Nou (aunque la estadística adjudica ese gol a Uriarte, quienes estuvieron allí saben que fue del Topo, y que Uriarte solo pasaba por allí). Los aficionados estaban como locos con él, la única buena noticia en una temporada que no terminaba de enderezarse.

Pero luego, a partir de enero de 1972, la sequía. Solo marcó un gol más en la liga, contra el Espanyol (entonces era todavía el Español) pero lo peor no era eso, sino su terrible desgana en el campo, una apatía que desesperaba a sus compañeros y a su entrenador, Ronald Allen. El derby contra la Real Sociedad en San Mamés (que el Athletic perdió por 1-2, sin gol del Topo) fue su último partido de titular en liga. Después solo tuvo algunos minutos sueltos como suplente, y el partido de ida de la copa contra el Cartagena, en que marcó uno de los cinco goles. Aquel fue su último gol como rojiblanco.

En Bilbao nadie se lo explicaba, qué podía haber pasado con este chico que parecía tan prometedor y tan buena gente. Por fin, en julio de 1972 Larrechea concedió una entrevista al periódico ABC en la que explica el origen de su decadencia.

La entrevista empieza amable, con muchas preguntas sobre su temporada en el Newell’s, sobre su llegada a Bilbao y sobre sus primeras jornadas exitosas en Bilbao. Luego, como con pudor, el entrevistador suelta: “La segunda mitad de la temporada no ha sido tan brillante. ¿Puede decirnos qué ha ocurrido?”

Y aquí el Topo se deshizo, empezó a lloriquear y dijo que era un fraude, que era un fraude y que no podía seguir jugando en el Atlhetic. Que en la Navidad pasada, en un momento de lucidez y euforia, su madre le había contado la verdad: que no era hijo suyo, que era adoptado y que en realidad no había nacido en Amurrio, sino en Rosario, Argentina; que su madre había falsificado su fecha de nacimiento, su certificado de nacimiento, su pasaporte, todo; que en realidad era el hijo de dos peleteros argentinos pobrísimos que lo habían abandonado (lo habían vendido, prácticamente).

Que no había una gota de sangre vasca en sus venas. Que era un fraude, un fraude, un fraude. Y que lo recordaba cada vez que salía al campo y la gente gritaba “Topo, Topo, Topo”. Veía la portería delante de él, veía que si chutaba iba a marcar, visualizaba (como se dice ahora) lo que tenía que hacer para marcar, pero no lo hacía, porque nada tenía sentido y los goles eran la culminación de ese sinsentido, de ese simulacro.

Había pensado en olvidarlo todo y pensar que, si su madre era vasca, aunque no fuera su madre biológica, entonces él también era vasco, y tenía derecho a jugar en el Athletic. Pero no podía, no podía y cada día que pasaba era peor que el anterior y sentía más ganas de acabar con todo de una vez.

Sí, en el Athletic sabían lo que pasaba; lo sabía el entrenador, lo sabían los compañeros, lo sabían probablemente hasta los acomodadores de San Mamés. Pero nadie decía nada: ¡qué ridículo sería, reconocer que un no vasco se la había colado a todos durante meses!

No, no sabía qué haría a continuación. Había pensado en colgar las botas y volver a Rosario a buscar a sus verdaderos padres, pero no se atrevía a hacerlo. A pesar de todo, como es comprensible, quería a su madre adoptiva, y no quería dejarla sola ni romperle el corazón.

La entrevista, por motivos que desconozco, nunca llegó a publicarse, pero todavía está en los archivos del periódico. Un amigo que trabaja en El Correo me ha pasado una copia, por eso he llegado a saber de la existencia del Topo Larrechea.

El Athletic, por su parte, prefirió borrar cuanto antes este capítulo de su historia como si nunca hubiera sucedido: vendió al Topo Larrechea al Real Valladolid, donde hizo una carrera mediocre, y fingió que no había pasado nada.

La prueba de que esto que digo es verdad, es que en la página web del Athletic club de Bilbao no hay ni una sola referencia al Topo Larrechea.

Una frase

Un abuelo, de los de boina enroscada, mirando la torre de Iberdrola desde el otro lado de la Ría:

-La verdad es que yo habría preferido un edificio de piedra.

(Para los que no seáis de Bilbao, la torre de Iberdrola es esta)

Como la vida misma

Ayer una amiga me llevó al teatro; o sea, no, me llevó a ver teatro, pero no al teatro porque era una de esas piezas de calle que están ahora tan de moda. Yo nunca he sido muy de cosas experimentales, pero mi amiga me dijo que quería ir y yo soy muy de hacer lo que mis amigas quieren, sobre todo si tienen ojos azules y parpadean mucho.

Según la información que había en internet la obra era “una reflexión (meta)realista-continua sobre el concepto de simulación de Baudrillard aplicado a la existencia cotidiana del individuo post-industrial”. Yo me imaginaba gente corriendo desnuda por la calle paseando el cadáver de una cabra.

Cuando llegó la hora estábamos allí reunidos en una esquina de la Plaza Nueva unos cincuenta tipos, que luego llegamos a ser cien o más, porque ya se sabe que multitudes llaman a multitudes. Algunos habían aprovechado para pedirse un crianza y un pintxo, ya que estamos.

La obra empezaba como sin empezar: quiero decir que todavía no tengo muy claro cuándo empezó la obra. Estaba anunciada para las siete. Eran las siete y cuarto. Nada. Las siete y veinte. Nada. Luego una mujer mayor con abrigo de piel dijo: “pero bueno, ¿esto cuándo empieza?”, y hubo risas y alguien le contestó una grosería, y la señora se indignó: “es que si no empiezan yo tengo otras cosas que hacer” y “esto es una falta de respeto” y “los jóvenes os pensáis que todo el monte es orégano” y “no me extraña que estemos como estamos”. Y claro, como la mayoría de los que estábamos allí éramos más o menos jóvenes, pues le empezaron a llover insultos.

Y yo pensé: ya está, es esto. Y mi imaginación se arrellanó en el sillón mental metafórico en que nos sentamos cuando vemos algo que reconocemos que no es verdad. Habrían podido linchar a la señora allí mismo, que yo lo habría asumido como parte del espectáculo.

Pero unos pocos gritos después la señora decidió marcharse, y pensé: pues no, no era esto. Habrá que esperar.

La gente iba y venía. Algunos éramos fijos y aguantábamos como titanes, pero muchos otros eran curiosos, paseantes, turistas.

A las siete y media hubo un tumulto: un matrimonio mayor decía que “hemos cogido al moro ese con la mano en el bolso” y “son todos unos chorizos” y “había que mandarlos a todos a su país”, y otra vez respuestas acaloradas, sobre todo de un chaval con barba y rastas que me sonaba de algún sitio.

Y yo pensé: ahora sí, esta es la obra. Reflexión postmoderna con un toque social, qué apropiado. Y otra vez al sillón mental metafórico.

Pero luego vino la policía, o algo que se parecía mucho a una pareja de policías, y se llevó al chico moro, y o estaban muy bien caracterizados o esto tampoco era parte de la pieza. ¿Y no está prohibido disfrazarte de policía en la vía pública?

A las ocho menos cuarto empezaba a estar un poco harto. Tres veces más pensé que empezaba la pieza, en forma de comedia satírica, pastiche absurdo o melodrama romántico (una chica se puso a discutir con su novio por el móvil y terminó llorando).

A las ocho y cuarto, con el grupo de espectadores ya bastante reducido, le dije a mi amiga que me iba a casa. Que me parecía una falta de respeto empezar la obra una hora tarde.

Y ella: “no te has enterado de nada. La obra ya ha empezado. La obra ya había empezado mucho antes de que nosotros llegásemos aquí”.

Y yo, para no quedar como un idiota: “Pues puede ser, pero ya he visto bastante”. Nos dimos dos besos (“la última vez que vengo a una cosa de estas para intentar pillar”, pensé) y me fui hacia el metro.

Pero cuando estaba saliendo de la Plaza Nueva me crucé con un grupo de chavalillos con las caras cubiertas por palestinos o pasamontañas que iban corriendo escapando de algo y pensé: ¿será esto? ¿Vuelvo? Pero luego dije: no, no puede ser. Y más adelante vi a un borracho con su bric de Don Simón hablando solo y pensé: ¿será esto? ¿Habrán sembrado el Casco Viejo de monologuistas para que nos los vayamos encontrando? Y luego: no, este borracho está siempre aquí, si él es parte de la obra quiere decir que la obra dura ya varios meses.

En fin, que la experiencia me dejó algo confuso. No sé si vi una obra o no; no sé ni cuándo empezó, si empezó, ni cuándo acabó, si es que ya ha acabado. Me hace gracia pensar que otras personas pudieron creer que yo mismo era un actor de la compañía interpretando un papel. En todo caso, no había gente desnuda paseando el cadáver de una cabra, lo que ya es un punto a favor.

Y además era gratis.