El edificio (reboot, 148)

Hubo violencia, claro, pero fue una especie de violencia epigonal, sin pasión ni sentido; la guerra del edificio parecía estar organizada solo para decidir el destino de los despojos de guerra, sin confiar en ninguna posible victoria: no había victoria posible. Eran escaramuzas aisladas, peleas absurdas, batallas que no forman parte de ninguna estrategia; los que luchaban en ella no pertenecían a ningún bando. Solo querían dolor: sentirlo y provocarlo. Así dejaban de pensar, por lo menos durante un momento, en que todo se había acabado, y en que todo se había acabado, y en que todo se había acabado, para siempre.

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