El edificio (reboot, 133)

No, el lugar donde una vez estuvo el edificio no está vacío; no puede algo tan grande como el edificio desaparecer y no dejar un rastro en el espacio, en el tiempo, en la memoria: una herida abierta en el aire, un dolor. Los aviones evitan sobrevolar la zona, aunque no sepan cuál es esa zona que no deben sobrevolar. Por la noche, en la hora más oscura, algo que no se puede ver parece proyectar una sombra imposible pero innegable: un cono de luz negra, un pozo invertido y disparado hacia el cielo. Produce vértigo estar cerca del local en el que una vez estuvo el edificio, como si nos sintiéramos absorbidos y estirados en dirección al punto de fuga donde una vez estuvo la aguja, finísima e inalcanzable. Ahí, en ese lugar, no hay nada, pero definitivamente hay algo: una ausencia casi física, casi tangible, quizás proyectada por el deseo de todos los ojos que miran en esa dirección buscando una respuesta que no está ahí, y por tanto no la encuentran.

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