El edificio (reboot, 130)

Después de la caída del edificio, varios lugares del mundo se convertirán en centros de peregrinación: lugares con montículos de arena semejantes al que dejó el edificio, algunos de ellos naturales, otros construidos a propósito para atraer turistas. Al principio todos tendrán claros cuáles son las ruinas verdaderas y cuáles las falsas; con el tiempo se olvidará la diferencia, y lo que quedará será la pasión del viaje, la fe de los peregrinos. Si alguien preguntase por la autenticidad de un determinado montículo de tierra, la respuesta será: todos son auténticos; o bien: todos son falsos. Lo que es claramente una gilipollez, pero desmontar una gilipollez a veces lleva más tiempo que construir un nuevo edificio. Mientras tanto, los visitantes comprarán recuerdos y reproducciones del edificio en camisetas, llaveros, ceniceros, tazas; edificios de colores, edificios de cristal o de goma, edificios que brillan en la oscuridad. A muchos de ellos se les romperá la aguja, demasiado fina para soportar el viaje, antes de que lleguen a casa. “Mejor así”, pensarán, “así es más realista”.

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