El edificio (reboot, 128)

La caída del edificio fue televisada por todos los canales del mundo, incluso los infantiles; el crujido, el colapso, la polvareda, entraron en nuestras vidas a través de la televisión, y también de internet, y de nuestros teléfonos móviles. Después se escribirían crónicas, ensayos y novelas sobre el edificio y su caída, pero fueron las imágenes las que quedaron grabadas para varias generaciones. Doce años de emisiones continuadas, en espera de que el polvo se asentase. Los más pequeños no conocían otra realidad que la de una pantalla mostrando incesantemente una imagen parda y opaca, que daba sensación de inmovilidad y de trasiego al mismo tiempo, como el propio edificio. Luego la polvareda terminó por fin de posarse, y lo que quedó fue un montículo irregular de arena, una meseta ligeramente elevada y truncada, como si un niño torpe hubiera intentado construir un palacio en la playa. Ahí las televisiones perdieron el interés y apuntaron sus cámaras hacia otra parte.

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