El edificio (reboot, 127)

Visto desde arriba, desde un satélite o desde una estación espacial, la polvareda del edificio parece una enorme bola cenicienta que no para de crecer, y que se complementa con unos círculos de humo que surgen de la nube y se expanden en todas las direcciones, como los anillos de un fumador algo habilidoso. La nube tarda doce años y un mes en terminar de posarse; cuando lo hace, revela un cráter redondo, no hundido sino elevado sobre el nivel del mar, y en su centro un agujero insondable que solo puede ser descrito como un ano gigantesco: el ano más grande de la Tierra, el ano de la Tierra, de hecho.

(La imagen de un edificio que se hubiera invertido para atravesar el núcleo fundido del planeta, o incluso para salir por el otro lado, es poderosa, porque complementa la imagen del edificio como un gigantesco intestino que expulsa constantemente la producción de mierda de sus habitantes; pero de ese ano gigante abierto ala vista de todos ya no sale nada, ya no se produce nada, salvo alguna emisión de gases sulfurosos subterráneos de tarde en tarde. El edificio se ha ido, y nos ha dejado como legado una máquina de fabricar pedos).

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