El edificio (reboot, 120)

Al principio, todas las naciones del mundo corrieron a abrir sus embajadas en el edificio: competían a ver quién la tenía más grande. La embajada de China ocupaba originalmente todo el círculo V del piso 260, hasta que el crecimiento demográfico del edificio les obligó a reducir y reducir y reducir su espacio; al final el embajador recibía a sus visitas en un escobero. Algo parecido pasó con el resto de las delegaciones, que menguaron hasta hacerse invisibles; de hecho, muchos de los representantes extranjeros renunciaron al cargo, algunos huyeron de vuelta a sus países de origen, otros simplemente se quitaron su chaqueta engolada y se sentaron a la mesa a comer con los demás. En los últimos días, cuando ya la aguja había caído y el derrumbe total estaba cerca, podía verse a un hombre gordo, calvo y sudoroso corriendo desesperado por los pasillos del piso 145, al grito de “¡yo soy el último, el único y auténtico embajador de los Estados Unidos de América!” Probablemente fuera verdad.

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