El edificio (reboot, 116)

Fue como el despertar lento de una mala siesta: abrir los ojos, mirar alrededor, tardar en comprender, comprender luego. ¡Había una vida antes del edificio, fuera del edificio, alrededor del edificio! Había historia y ciencia y literatura y cultura; la llegada del edificio las había dejado paradas, a la espera, pero estaban ahí, solo había que terminar de despertarse, terminar de abrir los ojos, ponerse manos a la obra. De repente el edificio no era ya el fin de la historia, sino un paréntesis, un tajo brutal sajando la historia, una herida que el tiempo iba a cicatrizar. Porque al comprender que había una vida antes, fuera o alrededor del edificio también se comprendía algo que antes parecía herejía o absurdo: que también podía haber una vida sin el edificio.

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