El edificio (reboot, 110)

La séptima plaga: los habitantes del edificio empiezan a ponerse gravemente enfermos, empezando por los pisos más altos y de ahí para abajo. Les salen pústulas en la piel, les duelen las articulaciones, se les hinchan las manos; unos días más tarde empiezan a tener problemas para respirar, después pierden la visión, entran en coma y mueren tiesos como tablas. Probablemente se trate de un virus o una bacteria que vive en las capas altas de la atmósfera y que ha entrado en el edificio a través del agujero de la aguja caída. Si hubiera medios y tiempo para hacer tests y pruebas a lo mejor se podría descubrir la causa de la enfermedad y encontrar una cura, pero el edificio ha entrado ya en una fase de sálvese quien pueda, y ni siquiera quedan antibióticos genéricos suficientes para todos los enfermos. No es solo que no se pueda hacer nada: es que no hay intención de hacer nada. “Nos lo merecemos”, dicen algunos. “¿Por qué?”, contestan otros. “Porque sí, porque nos lo merecemos: por haber construido el edificio, y por haber dejado que se derrume”.

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