El edificio (reboot, 108)

Cuando el edificio estuvo terminado se pensó que había llegado la era del edificio y que la era del edificio duraría para siempre, hasta el punto de que un día ya no se llamaría “era del edificio” sino simplemente “historia de la humanidad”. Se había alcanzado (decían) una homeostasis perfecta, un sistema de retroalimentación simbiótica entre el exterior y el interior, entre el edificio y el resto del mundo. Pero no hay era ni imperio ni edificio que dure para siempre; también la humanidad está destinada a desaparecer. Lo que parecía simbiosis era en realidad parasitismo: el edificio absorbía los recursos, las energías, los deseos del resto del planeta, y mientras estos recursos, energías y deseos fueron abundantes, prosperó. Fue suficiente una sequía, una depresión, una crisis bancaria para que los edificitarios empezasen a ser mirados con envidia, odio, rabia. Quizás los habitantes del resto del planeta no hicieron nada para provocar la caída del edificio, pero que la desearon, la desearon, durante mucho tiempo y con todas sus fuerzas.

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