El edificio (reboot, 96)

Qué pena que se esté acabando el tiempo: después de la helada, los habitantes de los círculos exteriores, los más próximos a la corteza de vidrio craquelado, comienzan a desarrollar ojos múltiples como los de los insectos, una piel rugosa y espesa como de elefante o rinoceronte, y una extraña coloración azul en el cabello, que no hay animal conocido con la que compararla. Si hubiera tiempo, estos seres podrían haber llegado a convertirse en una nueva especie, como los seres albinos, y quién sabe si hubieran podido salvar el edificio, adaptándose a él, adaptándolo a sí mismos. Pero no hay tiempo: los pocos seres que nacen con esta nueva mutación son tratados como engendros de la naturaleza, apartados, humillados, linchados; para cuando comienzan a nacer en número suficiente como para ser una fuerza reconocible ya han empezado a temblar los cimientos del edificio.

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