El edificio (reboot, 95)

Ser abogado en el edificio es jodidamente difícil: las leyes no están uniformizadas, las jurisdicciones se solapan, la jurisprudencia es contradictoria. Un supuesto delito en el apartamento 149 del círculo B del piso 639 puede ser encuadrado en el reglamento interno del condominio correspondiente, en la Gran Ley General de los pisos 500-700, en el acuerdo vinculante de comportamiento para usuarios del ascensor XGA12, o en el Código de Honor de los círculos interiores, una ley consuetudinaria vaga pero poderosa.

Al mismo tiempo, si el caso es juzgado por un juez de los pisos más bajos, probablemente el juez conozca y aplique conceptos del Derecho Romano, el Derecho Eclesiástico o el Derecho Internacional del exterior del edificio; en cambio, un juez del piso 775 no reconoce más ley que la ley del edificio, aunque esa ley sea difícil de definir y no esté escrita en ningún código de letras doradas. De ahí que en el edificio sean inapropiados conceptos binarios como culpable/inocente o prohibido/permitido: en el edificio lo legal es una gradación y no un abismo; si se pudiese representar en un mapa, se parecería a las isobaras meteorológicas o a la topografía de un paisaje montañoso.

Otra forma de decirlo: cualquier acto humano, por aberrante que pueda parecer, es legal en algún punto del edificio; cualquier acto, por puro e inocente que parezca, es delito en algún otro.

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