El edificio (reboot, 89)

Los ruidos comienzan a recorrer el edificio: ruidos desconocidos hasta entonces, imposibles de identificar. Los edificitarios ya están acostumbrados al barullo de cuerpos en movimiento, al chillido de los monos, a los gritos de dolor de las mujeres albinas en sus cubículos oscuros, al rumor de los ascensores y, desde hace poco, al rugido de los ascensores ardiendo, al chillido de los monos, al ronroneo de camiones que entran y salen del edificio, al casi imperceptible zumbido que provoca la oscilación de la aguja, al llanto de un bebé que acaba de nacer en el piso 570 y sus padres lo asoman por el balcón del atrio para que el edificio lo bendiga. Pero estos ruidos de ahora son nuevos: vienen de lo profundo de la tierra (también llamado sótanos) y a veces suenan como una carcajada diabólica, y otras como una lenta acumulación de gases que anuncia la proximidad del mayor pedo de la historia.

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