El edificio (reboot, 64)

Cuando sopla el viento, e incluso cuando no sopla, el extremo superior del edificio se mece de un lado a otro como el mastil de una bandera, como la llama de una vela, como la vela de un barco. Los edificitarios que viven en los apartamentos más altos están tan habituados al movimiento, que si alguna vez bajasen a tierra firme continuarían a mecerse de un lado a otro como la vela de un barco, como la llama de una vela, como el mastil de una bandera. Afortunadamente, esto nunca sucede: si uno de ellos intentase por algún motivo inverosímil bajar al nivel del suelo, moriría antes de conseguirlo, perdido entre laberintos de pasillos y ascensores, círculos sin luz poblados por seres albinos, atrios tan amplios y tan cargados de un aire mil veces respirado que a ellos, acostumbrados a salas estrechas y ventanas afiladas, les provocarían un derrame cerebral.

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