El edificio (reboot, 49)

Muy pocas personas tienen acceso a los sótanos del edificio; solo las estrictamente necesarias para asegurar su mantenimiento. No se trata de una cuestión de seguridad: el edificio es inexpugnable, para derribarlo haría falta más explosivo del que se ha producido en el mundo desde que los chinos inventaron la pólvora. Se trata de algo simbólico: las plantas subterráneas (que son más de cuarenta, según cuentan los que las han conocido) están llenas de aceite de motor, vapor, charcos grasientos, grandes máquinas que mueven los montacargas arriba y abajo, cuerpos sudados, cosas podridas, ratas de especies hasta ahora solo imaginadas en cómics de superhéroes, una enorme sala del tamaño de un piso entero llena de servidores con luces chispeantes, y miles de kilómetros de cables que se enredan como lianas y que demuestran más eficiencia que planificación. Dar libre acceso a los sótanos del edificio sería como retirar la cortina del Mago de Oz, como mostrar los intestinos del emperador desnudo; y el emperador puede estar desnudo, pero nunca caga.

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