El edificio (reboot, 44)

Los diferentes pisos del edificio se comunican mediante una complicadísima red de ascensores. Algunos estaban ya en el plano original, otros se fueron añadiendo con el tiempo, a veces construidos por los propios habitantes. La mayor parte de los ascensores son eléctricos, pero también hay algunos a vapor, otros de tracción animal y algunos montacargas que se suben y bajan a mano mediante sistemas de poleas. Los sistemas de ascensores centrales, con puertas al atrio, combinan ascensores express, que suben los pisos de diez en diez, de veinte en veinte o incluso de cincuenta en cincuenta, con otros ascensores lentos, que paran en todos los pisos. Entre las personas que viven en pisos conectados por ascensores lentos se crea un sentimiento de comunidad, de solidaridad, de identidad. Todos son habitantes del edificio, pero no todos son iguales. Con el tiempo, la gente se convence de que hay diferencias esenciales entre unos y otros: los habitantes de los pisos 120-150 son tacaños, los de los pisos 60-90 son perezosos, los de los pisos 220-240 son atentos, trabajadores, rigurosos… Los ascensores conectan el edificio, pero también lo dividen, lo descomponen, lo contaminan de realidad.

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