El edificio (reboot, 41)

El edificio no reconocía ninguna autoridad externa y no tenía ninguna autoridad interna. Por supuesto, estaba en un territorio de lo que una vez fue un país, pero cualquiera podía comprender que el edificio era su propio territorio, su propio país. Su funcionamiento quería ser el de un organismo vivo; el edificio era una utopía y un accidente muy hermoso. La compleja maquinaria que controlaba todos los procesos que sostenían la vida en el edificio hacía su trabajo de hormiga sin reina a la que servir; si alguna vez la maquinaria respondió a un plan, ese plan se había olvidado, y ahora parecía responder solo ante sí misma. Luego pasó lo que pasó con los ascensores y se comprendió que si el edificio era una utopía, también era una trampa; era un accidente muy hermoso, pero también una imposibilidad.

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