El edificio (reboot, 40)

En la decoración del edificio no se permite el arte abstracto, no figurativo, experimental, decadente; solo cuadros de jarros con flores, marinas en acuarela y retratos de personas que vivieron hace mucho tiempo o que a lo mejor ni siquiera existieron. Es mejor así, dicen, e igual tienen razón, aunque sea por los motivos errados. Con el paso del tiempo, el edificio desarrolla su propio estilo artístico, el edificismo, en el que un jarro con flores puede al mismo tiempo ser un retrato y un atardecer en una playa salvaje. Mirar uno de estos cuadros da náuseas y vértigo, pero no se puede dejar de mirarlo, como un accidente mortal en la autopista o una vaca podrida en un campo de alfalfa.

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