El edificio (reboot, 37)

Entrar al edificio por primera vez (así me lo han contado) es una experiencia transformadora y traumática; como una mariposa que se mete en la crisálida y sale de ella transformada en gusano. Ya antes de atravesar la puerta, cualquiera de las puertas, se siente uno invadido por una sombra densa que no es física ni está producida por el sol (porque el edificio proyecta su sombra y su luz simultáneamente en todas las direcciones). Una vez dentro, esta sensación de asombramiento se repite y se multiplica y parece extenderse no solo en el espacio sino también en el tiempo. Pero luego los ojos se acostumbran al interior del edificio; el cuerpo se acostumbra al interior del edificio; la consciencia y el espíritu se acostumbran al interior del edificio. Y ya no se quiere estar en ninguna otra parte ni se siente nostalgia del tiempo de las mariposas.

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