El edificio (reboot, 28)

Algo que se descubrió relativamente pronto, cuando el edificio todavía estaba en los huesos, es que los animales se negaban a entrar en él. Algunos trabajadores tenían gatos, perros, pájaros, peces, tortugas, hamsters, serpientes, e intentaron llevarlos consigo a sus nuevas casas. Pero los animales se resistían con todas sus fuerzas antes de entrar, hasta el punto de autolesionarse con los transportines, estrangularse con las correas, golpearse con las barras de las jaulas hasta morir o saltar fuera de sus peceras y acuarios. Los que eran introducidos por la fuerza en el edificio, enloquecían y huían en cuanto era posible. En el edificio tampoco había mosquitos, arañas, ratas, polillas, cucarachas u hormigas. Luego se descubrió que para que un animal pudiese habitar el edificio sin enloquecer, tenía que haber nacido dentro del edificio; entonces lo que no soportaba (hasta el punto de la locura o el suicidio) era el exterior, el espacio abierto.

La pregunta, entonces, era por qué esto no pasaba también con los seres humanos. O tal vez sí pasase.

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