El edificio (reboot, 23)

El edificio seguía creciendo, añadiendo pisos y pisos y capas y capas de cemento y acero y cristal a su alrededor. La gente que lo miraba decía: “Ahora debe de estar terminado”; y se ponían a aplaudir. Pero al día siguiente, o dos días después, o una semana después, veían que el edificio seguía creciendo hacia lo alto y hacia lo ancho y hacia dentro, que aparecían nuevos pisos, que se añadían nuevas coberturas, que los hombres como hormiguitas casi invisibles seguían trabajando en su interior poniendo una lámpara aquí, quitando un plástico allá, probando un enchufe acullá. (La parte más alta del edificio se perdía entre las nubes y era difícil distinguirla sin prismáticos incluso en los días más claros, lo que dificultaba saber si estaba más alta o más baja que el día anterior). Incluso cuando efectivamente estuvo terminado, y fue inaugurado y habitado y se desmontaron los andamios y las grúas y se despidió a los obreros que de todas formas no tenían otro sitio adonde ir, la gente lo miraba y decía: “No, todavía no está terminado. Si te fijas bien, allí en lo alto, todavía se ven personas trabajando para añadirle más pisos, y más pisos, y más pisos…” Y era difícil quitarles la razón.

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