El edificio (reboot, 20)

Por supuesto, mucho antes de que se inaugurase oficialmente ya vivía gente en el edificio: los propios obreros encargados de construirlo. A partir de cierta altura, habría sido imposible (o al menos, contraproducente) que los obreros descendieran hasta el nivel del suelo cada día, fueran a dormir a sus casas y volvieran a subir hasta su puesto en la obra al día siguiente; no habría dado tiempo, la construcción del edificio se habría ralentizado hasta detenerse cuanto más se elevase, y eso era algo que no se podía permitir.

Así, se acondicionaron provisionalmente veinte pisos intermedios, con doscientos apartamentos cada uno; se permitió que cada obrero se instalase en uno de los apartamentos con su familia sin pagar alquiler; a cambio, se les prohibió que bajasen más allá del piso 15, y para asegurarse de ello se instalaron guardas armados en escaleras y ascensores (quienes, a su vez, tampoco podían bajar más allá del piso 15). Algunos obreros saltaban por los huecos de las ventanas (que entonces todavía no estaban herméticamente cerradas) a causa de la claustrofobia, de la rabia o de la nostalgia de la tierra firme; pero eso importaba poco en el contexto general de todas las cosas, lo que importaba era el edificio, que seguía subiendo hacia el cielo y ya cubría con su sombra regiones enteras en las que nunca más volvería a florecer nada.

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