El edificio (reboot, 11)

Para preparar el lugar donde se asentarían los cimientos del edificio se extrajeron dos millones de metros cúbicos de tierra; los cimientos, por sí solos, ocupaban el espacio de una ciudad mediana (una ciudad subterránea, por supuesto). En esta fase de la construcción, parecía que estuviera intentando construirse el edificio hacia abajo, hacia adentro: se miraba hacia el agujero, y no se veía el fondo, más allá de las vigas y los forjados que darían lugar a aparcamientos, a salas de máquinas, a tubos y cañerías y cables y madrigueras de ratas. Se construyeron escaleras y ascensores provisionales que llevaban a cada uno de los pisos; luego esas escaleras y esos ascensores se desmontaban y se arrojaban al propio hueco del edificio, que se los tragaba como aperitivos de todo lo que después iba a tragarse. Cuando se alcanzó la profundidad deseada, para afianzar los pues de la cosa se vertió hormigón hasta formar una placa de cincuenta metros de grosor. “Si alguna vez hay un terremoto”, dijo uno de los ingenieros implicados en la obra, “temblará el mundo, pero no el edificio”.

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