El edificio (reboot, 6)

Se convoca un concurso para decidir el diseño del edificio (sin saber que, en verdad, el edificio se diseña solo). Se presentan treinta y siete firmas de arquitectos de todo el mundo; éxito superior al esperado. Llega el día, se abren los dossiers, los expertos los estudian. Sorpresa, pavor, escándalo: los 37 diseños son exactamente iguales, desde las configuraciones técnicas a los costes, pasando por la concepción artística o la selección de materiales. Los arquitectos se acusan de plagio unos a otros; vuelan las demandas y los cuchillos, y las demandas por los cuchillos. Los políticos, alarmados, eligen al azar la propuesta de uno de los arquitectos, y a los otros treinta y seis los hacen desaparecer. Quiero decir, a sus propuestas.

Cuando se presenta en público el diseño ganador, es recibido con un coro de “uuuuhs” y “aaaaaahs”. Por una vez, nadie protesta ni dice que él lo habría hecho diferente, que él lo habría hecho mejor. “La mayor obra jamás emprendida”, dicen, “majestuosidad, grandeza, gloria”. “Hay un antes y un después de que se construya este edificio”, dicen; no tienen ni idea de hasta qué punto aciertan.

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