El edificio (32)

Cuando sopla el viento, e incluso cuando no sopla, el extremo superior del edificio se mece de un lado a otro como el mastil de una bandera, como la llama de una vela, como la vela de un barco. Los edificitarios que viven en los apartamentos más altos (no en la punta de la aguja: nadie podría vivir en la punta de la aguja; nadie sabe lo que hay en el interior de la punta de la aguja, pero ese es otro tema) están tan habituados al movimiento, que si alguna vez bajasen a tierra firme continuarían a mecerse de un lado a otro como el mastil de una bandera, como la llama de una vela, como la vela de un barco. En cualquier caso, esto es imposible: si uno de ellos intentase bajar al nivel del suelo, moriría antes de conseguirlo perdido entre laberintos de pasillos y ascensores, círculos sin luz poblados por seres albinos y atrios tan amplios que a ellos, acostumbrados a salas estrechas y afiladas, les provocarían un derrame cerebral.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s