El huésped (15)

Algunas noches, cuando el dolor del costado arrecia, coge a Fluzo, se lo pone encima de la tripa (encima del ovario) y le dice: “¡Araña, Fluzo, araña! ¡Rasga, abre, come! ¡Mastica!”.

Se imagina que, como el águila de Prometeo, Fluzo va a abrir un agujero en el vientre, va a escarbar hasta el ovario y lo va a devorar con su pico, perdón, con sus fauces.

Lo que se le olvida, por su cultura clásica es un poco superficial, es que a Prometeo el hígado le volvía a crecer por la noche, para que el águila volviera a tener alimento al día siguiente. (Qué cabrón, el Zeus).

Otra cosa que se le olvida es que Fluzo es un gato, y los gatos aceptan mal las instrucciones: en vez de arañar, rasgar, abrir, comer, masticar, Fluzo lo mira con indiferencia, le dedica un bostezo y se va a dormir al sofá que, este sí, está arañado, rasgado, abierto, comido, masticado.

Al final, dolor o no, consigue dormirse. Sueña con pájaros enormes y con unas manzanas doradas.

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