El huésped (12)

En el trabajo le trataban igual que siempre, así que por momentos se siente igual que siempre: el dolor del abdomen ha pasado gracias a los calmantes, Fluzo ha vuelto a su indiferencia habitual y su madre, que le sigue llamando varias veces por día, no le llama para preguntarle por el dolor del abdomen (del que aparentemente no se acuerda) sino para contarle la última locura de su padre, que ya sabes cómo es, no hay quien le entienda.

La rutina tiene un efecto calmante: sentado en el escritorio de la oficina, releyendo informes de los peritos de la compañía (informes sobre los cuales él tendrá a su vez que hacer un informe) consigue olvidarse del hospital, de las pruebas, de los resultados, de su ovario.

(Ovario. No puede decir la palabra ovario, ni siquiera pensarla, sin dar un respingo. Y sin embargo la palabra ovario le vuelve a la imaginación todo el tiempo, como un picor que cuanto más lo rascas, más pica).

Hay una chica que le gusta en la oficina; no está enamorado de ella, porque estar enamorado de alguien es cosa de adolescentes. Le gusta, esa es la palabra más exacta, le gusta mucho, y querría invitarla a cenar un día o a ir al cine o algo, si no le diera tanto miedo que ella pudiera rechazarlo o, peor, aceptar salir con él para después encontrarlo aburrido, soso, insoportable.

Ahora que sabe que tiene un ovario (¡ovario!) en la parte izquierda de su abdomen, invitarla a cenar o al cine o algo le parece más urgente que nunca, pero también más difícil. Piensa: “Si saliera con ella, si me armase de valor y la invitase a cenar, o a ir al cine, o algo, ¿en qué momento debería decirle que tengo un ovario en el lado izquierdo del adbomen? Si se lo digo muy pronto, puedo asustarla; si se lo digo muy tarde, puede pensar que estoy ocultándole información, y salir huyendo”.

Se dice que no tiene tanta importancia, que no es como una enfermedad venérea. Se dice que es mucho peor, porque una enfermedad venérea es algo común y corriente, y en cambio que un hombre tenga un ovario… Así que no se atreve a invitarla a cenar, ni a ir al cine, ni a nada, y sigue releyendo informes y redactando informes sobre los informes, y sintiéndose un bicho raro en su pequeño cubículo blanco.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s