El edificio (11)

El día de la inauguración oficial del edificio llegaron dignatarios de todo el mundo, bandas de música de todo el mundo, compañías de bailarines y bailarinas de todo el mundo, vestidos con trajes típicos, coloridos, exóticos. Una decena de kilómetros a la redonda alrededor del edificio ocupaba la fiesta, que podía oírse a una centena de kilómetros a la redonda. Veintisiete días duró, ni uno más ni uno menos. Al final, agotados pero eufóricos, los dignatarios de todo el mundo pronunciaron discursos enfervorizados, las bandas de música de todo el mundo tocaron sus respectivos himnos con mayor o menor gracia, y los bailarines y bailarinas de todo el mundo saludaron al respetable con una delicada reverencia, porque ya tenían los pies en sangre de tanto bailar. Después, lentamente, sonrientes y confusos, todos fueron entrando en el edificio, uno a uno, por cada una de sus doscientas puertas. El edificio se los tragó, y se hizo el silencio.

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