El edificio (7)

El edificio seguía creciendo, añadiendo pisos y pisos y capas y capas de cemento y acero y cristal a su alrededor. La gente que lo miraba pensaba: “Ahora debe de estar terminado”, y se ponían a aplaudir. Pero al día siguiente, o dos días después, o una semana después, veían que el edificio seguía creciendo hacia lo alto y hacia lo ancho, que aparecían nuevos pisos, que los hombres como hormiguitas casi invisibles seguían trabajando en su interior. (El hecho de que la parte más alta del edificio se perdiera entre las nubes, y de que fuera difícil distinguirla sin prismáticos incluso en los días más claros, hacía todavía más difícil decidir si el edificio seguía creciendo o si ya había parado de crecer). Incluso cuando efectivamente estuvo terminado, y fue inaugurado y habitado y se desmontaron los andamios y las grúas y se despidió a los obreros, la gente que lo miraba pensaba: “No, todavía no está terminado. Si te fijas bien, allí en lo alto, todavía se ven personas trabajando para añadirle más pisos, y más pisos, y más pisos…” Y era difícil quitarles la razón.

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