El edificio (6)

Cuando el edificio tenía ya ciento veintiséis pisos de altura, hubo un derrumbamiento. Las quince últimas plantas del edificio quedaron completamente destruidas; las treinta inferiores, damnificadas en mayor o menor medida. Pero la estructura central del edificio, su andamiaje, sus columnas maestras, sus cimientos, resistieron. Murieron setenta obreros, resultaron heridos más de mil. No hubo funerales y nadie los reclamó: los cadáveres se lanzaron por las ventanas; en el piso noventa y tres se instaló un hospital de emergencia, aunque a los heridos más graves também se los lanzaba por las ventanas. La construcción del edificio no se detuvo más de lo imprescindible: evaluación de daños, recuperación de cascotes, limpieza de escombros, vuelta al trabajo. Gracias al derrumbamiento, decían los arquitectos, el edificio no solo había demostrado su fortaleza, sino que había ganado nuevo impulso para seguir creciendo. A las familias que lloraban a los muertos con demasiado afán, disminuyendo la moral de los trabajadores, se les daban veinte sueldos o veinte latigazos, aleatoriamente.

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