Aquí dentro

Aquí dentro nos dejan fumar, eso demuestra que nuestros guardianes no son malos. Cuando la comida falta, cuando en ralidad no hay comida, fumar por lo menos permite engañar al estómago. Entra luz por la ventanas enrejadas, fumamos y jugamos a hacer formas con el humo, con los dedos, la luz, el humo, dragoncitos de humo que suben entre los rayos de luz hacia el techo. Cada vez que llega un nuevo cargamento de tabaco tenemos que dar las gracias a nuestros guardianes; tenemos por obligación, porque nos lo ordenan, pero lo hacemos sin ninguna falsedad, con el corazón y los pulmones abiertos, porque si nos quitasen el tabaco la vida aquí dentro se nos vuelve un colchón de clavos. Este lugar tiene mala ventilación y el humo del tabaco se va condensando en el techo, formando una niebla que por las noches nos acompaña; el que no fuma de primera boca, fuma de segunda, y eso es bueno porque nos une a todos en un mismo aire y un mismo olor y una sed igual en la boca y en la garganta. Hay algunos que no quieren fumar y nos dicen que el tabaco nos va a matar y que el tabaco es la forma que tienen nuestros guardianes de tenernos contentos, esos son los auténticos hijos de puta egoístas aguafiestas. Si fumar es lo único que tenemos aquí dentro que nos hace recordar que estamos vivos, que nos dejen disfrutarlo sin culpa, por lo menos.

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