Imposibles impensables: Epílogo (o Una explicación no pedida)

Cuando empecé a publicar los Imposibles impensables no sabía cuántos iban a salirme; sabía que iba a ser una serie, por eso le puse un numerito entre paréntesis, pero no sabía si sería una serie de cinco, de siete, de un mes. Creo que en aquel momento no me imaginaba que pudiera llegar a 150. (Técnicamente, 151). Pero a medida que iba quemando límites, pensaba, ¿y por qué no un poco más? Bueno, pues hasta aquí hemos llegado, porque creo que si no corro el riesgo de repetirme y cargarme la serie.

Cuando empecé los Imposibles impensables, tenía en mente algunas reglas básicas, que creo que he cumplido: todo los cuentos tenían que tener algún elemento inverosímil (para ser imposibles e impensables); ninguno podía acabar con una sorpresa, del tipo “entonces comprendió que” o “en ese momento supo”, ni con un final tipo Shymalan (Bruce Willis está muerto, you know?); también quería evitar los juegos de realidad y sueño, o de realidad y ficción, o de mezcla de planos literarios, que son subgéneros ya bastante usados (Borges, Cortázar, Ana María Shua). Dentro de esos límites autoimpuestos, he intentado alternar distintos tipos de relatos: históricos, domésticos, poéticos, terroríficos, etnográficos, zoológicos.

Publicar los Imposibles impensables ha sido un ejercicio interesante; nunca me había impuesto tener que escribir cada día por lo menos un cuento. En algunos casos, esto me ha obligado a ponerme delante del ordenador, e inventar algo por narices, porque YO ME DEBO A MI PÚBLICO. En otros casos, los cuentos se me ocurrían espontáneamente sin necesidad de forzarme a nada. Me pregunto si quien lee la serie puede distinguir unos cuentos de otros, los forzados de los espontáneos; me pregunto si yo mismo sabría distinguir unos cuentos de otros ahora que ha pasado el tiempo. Sí me imagino que en una serie de 150 microrrelatos los habrá mejores y peores; esto lo notaré cuando los relea todos seguidos, dentro de, no sé una semana o un mes.

La serie de los Imposibles impensables ha terminado; eso no quiere decir ni que deje el blog, ni que algunos de los cuentos que publique aquí a partir de ahora no pudieran encajar perfectamente en la serie de los imposibles impensables. Pero confieso que hasta cierto punto sí que va a ser un alivio no sentir que el reloj se acerca a las 12 y no tengo ningún relato programado.

Pues si no lo tengo, no lo tengo, qué leches.

P.D.: Si alguien se ha quedado con ganas de leer los Imposibles Impensables desde el principio y todos seguidos, lo puede hacer siguiendo este enlace: https://comounlibroabierto.wordpress.com/category/imposibles-impensables/?order=asc

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