Anagnórisis

…Y entonces me tocó como solo una vez antes en la vida me habían tocado. Era un toque inconfundible que, a través del tiempo y el espacio venía a abrir las puertas de la memoria. Le miré. No podía ser; y sin embargo… Le miré más atentamente, pero no conseguía verle. Solo cuando cerré los ojos fue como si su barba se deshiciera, sus arrugas se alisasen, las canas recuperasen el color original y su cuerpo el vigor de los veinte años, cuando por primera vez sentí aquel toque.

-¿Eres…?

-Sí.

-¡No!

-Sí.

Era.

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