Sexo oscuro

Hubo una novia mía (no digo que fuese Alicia, pero tampoco digo que no fuera ella) a la que solo le gustaba acostarse conmigo a oscuras. Y cuando digo a oscuras, digo completamente a oscuras, como boca de lobo: las luces apagadas, las persianas bajadas hasta el tope, las cortinas corridas, la puerta del cuarto cerrada por si acaso se reflejaba algo de luz en el espejo del pasillo y por pura casualidad llegábamos a poder ver algo.

Acostarnos así tenía su morbo (al ciego se le acentúan los demás sentidos) pero también provocaba encontronazos y desencuentros, algunos golpes de cabezas y también alguna caída de la cama al suelo, porque en la oscuridad total llega un momento en el que uno pierde la noción de las distancias. Como novedad, hasta me gustaba; cuando dejó de ser novedad empezó a resultarme algo molesto.

Sobre todo, lo que me intrigaba es que <i>tuviera que ser así</i>, que no hubiera ni siquiera la más mínima alternancia entre luz y oscuridad, o una iluminación progresiva de nuestros encuentros eróticos. Me preguntaba si sería una simple manía o fetiche, o si se relacionaría con algo más profundo, como el rechazo del propio cuerpo, la visión del sexo como pecado o la vergüenza adánica por la desnudez.

Así que un día que estábamos en la cama y a punto de desnudarnos, se lo pregunté.

-Mi amor, ¿por qué siempre hacemos el amor totalmente a oscuras?

-Mi amor -me contestó ella con la voz llena de cariño-, es porque eres feo de cojones…

Aquello me dejó un poco en shock al principio, pero casi inmediatamente Alicia… perdón, esta novia mía… empezó a besarme por todas partes y mi cuerpo reaccionó solo y yo dejé de poder pensar con la cabeza.

En los días siguientes, en cambio, pensé mucho sobre el tema, y no sabía muy bien a qué conclusión llegar. ¿Qué significaba que mi novia, la persona a la que se supone que más deberíale en el mundo -junto con mi madre-, me diga que soy, cita, feo de cojones, fin de cita? ¿Es posible mantener una relación así? ¿Era yo un calzonazos por aceptar seguir con ella después de saber que no quería verme la cara mientras follábamos?

También se me planteaban otras preguntas, por ejemplo en qué pensaría esta novia mía mientras nos acostábamos, visto que, evidentemente, no debía de estar pensando en mí. Y la verdad es que nuestro sexo, además de oscuro, era también frecuente y satisfactorio, por lo menos en apariencia. Yo no tenía quejas y ella tampoco parecía tenerlas. ¿Pero cómo podía ella disfrutar en la cama con un cuerpo que consideraba feo?

Pasaron algunas semanas relativamente tranquilas (porque en otras áreas nuestra relación, la verdad, funcionaba bien) y yo no volví a sacar el tema, lo que no quiere decir que me hubiera olvidado de él. Así que otro día -un sábado, para más señas- que nos quedamos en casa en plan parejil, me armé de coraje y volví a preguntárselo.

-Cariño, ¿no podríamos alguna vez, de vez en cuando, no sé, por probar, hacer el amor con las luces encendidas?

Y ella me contestó, con voz de quien no quiere hacer daño pero no tiene más remedio que decir la verdad: “Pero mi amor, ya te lo expliqué: es que eres muy feo…”

-Pues tú tampoco creas que eres gran cosa -le contesté, más por despecho que porque lo pensase realmente (porque esta novia mía, en realidad era bastante bonita).

Y se armó la de dios es cristo. Que como me atrevía. Que nunca le habían insultado así. Que a ver qué pensaba. Que era un machista, un idiota, un cerdo. Un cabrón. Un hijo de puta. Salió de la casa dando un portazo y yo, en un gesto de rebeldía infantil, levanté todas las persianas hasta arriba del todo.

Las siguientes dos o tres horas me las pasé en el baño, enfrente del espejo, tocándome la cara con las dos manos y pensando: “Jodé, pues yo creo que no estoy tan mal”.

Alicia, o sea, esta novia mía que no voy a decir quién era, volvió cuando ya estaba anocheciendo, con los ojos rojos de haber llorado o de haberse tomado unos cuantos vinos. Le pedí perdón, ella aceptó mis disculpas pero no las mandó de vuelta, y nos reconciliamos. Hicimos el amor, cómo no, a oscuras. Después de eso yo ya nunca más volví a preguntarle nada, ni a pedirle nada, pero cada vez que follábamos me vengaba de ella en secreto, imaginando que quien estaba en la cama conmigo era Scarlett Johansson.

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