La piscina

Las fiestas en la piscina de Max sirven para esto, para que los cuerpos se reconozcan.

Estoy abrazada a él, mejor dicho, estoy enroscada a él, él tiene un brazo en mi cintura y otro en mi culo y yo sé que él quiere follar conmigo, y yo quiero follar con él, pero yo quiero follar como un medio para otra cosa y él quiere follar como un fin en sí mismo.

Y no es porque yo sea mujer y él hombre, porque yo misma otras veces y con otros chicos también he follado por follar, por darle gusto al cuerpo.

Pero con él no, con él quiero algo que incluye el sexo pero que no es solo sexo.

Se está haciendo de noche y empieza a hacer frío, de repente descubro, o lo descubre él, que estoy tiritando.

Estamos en el lado de la piscina que no cubre, nuestros cuerpos sobresalen por encima del agua, “será mejor entrar del todo o salir del todo”, le digo, y tiemblo.

Él empieza entonces a andar hacia atrás en la piscina hacia la parte más profunda, siempre conmigo en brazos, me sonríe y todo esto lo tomo como una señal aunque no sepa todavía señal de qué.

Hacia la mitad de la piscina el suelo empieza a descender bruscamente y a mí me parece que el agua en esa zona es más oscura, como una fosa que se traga a las personas y las arrastra hacia el fondo de algo, sus cuerpos.

Me abrazo más fuerte a él y él me besa en el cuello, y mi cuerpo responde a ese beso aunque yo en realidad quería decirle “cuidado” y no “fóllame”.

Da los últimos pasos hasta el medio de la piscina con su boca en mi hombro e imagino cómo vamos a ser absorbidos por la oscuridad del fondo, como el agua de un desagüe.

Y cuando por fin pierde pie pienso “ya está, es esto” pero él nos sostiene dando patadas al agua por debajo del agua, y yo podría ayudarle pero en realidad si nos hundimos juntos yo no me sentiría demasiado desgraciada.

Le beso en la boca por primera vez y dejamos de respirar unos segundos, como si ya nos hubiéramos ahogado, con nuestras lenguas jugando como peces rojos.

Él se está cansando, lo noto en sus movimientos cada vez más irregulares y en que ha soltado una de sus manos, la de la cintura, para poder bracear, e intenta muy suavemente acercarnos hacia el borde pero yo me aprieto más contra él, lo aprieto más contra mí y siento un pequeño dolor que no es físico.

A nuestro alrededor se están encendiendo las luces, pero la oscuridad del fondo de la piscina sigue pareciéndome infinita.

Su mano, la que braceaba, se mete por debajo de la parte de arriba del bañador y aprieta mi carne y mis labios se abren y mis piernas ya están abiertas.

Y nos hundimos como si no nos importase que nuestros cuerpos se hundieran si con ello dan paso a otra cosa, no estamos follando, estamos salvando el mundo.

(Trago agua, toso, siento que me voy a morir pero hay una resistencia a morir que yo no controlo porque es anterior a mí misma)

Cuando salgo de la piscina, por mi propio pie, miro a mi alrededor y busco su cuerpo, solo su cuepro, y ahí está, con los ojos rojos, y se ríe, y me mira, y creo que ha comprendido.

Es para esto para lo que sirven las fiestas en la piscina de Max.

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