Todo tiempo pesado (II, 13): ¿Barcelona? (Finale)

En el capítulo anterior: Santi se pregunta si está siendo justo con Miren (y consigo mismo).

-¿¿¿Barcelona???

-Sí, Barcelona. Hace tiempo que lo vengo pensando.

-Pues nunca me habías dicho nada.

-¿Por qué debería habértelo dicho?

-¿Porque somos pareja?

-Ya te lo estoy diciendo ahora.

-Con la decisión tomada.

-¿Es que tengo que pedirte permiso para tomar una decisión, o qué?

-Permiso no, pero podías haberlo comentado conmigo…

-¿Por qué, si es una decisión que no te afecta?

-¿Que no me afecta?

-No, no te afecta.

-¿Que no me afecta?

-¿En qué te afecta, a ver?

-¡En que eres mi novia!

-¡Vaya mierda de argumento!

-¿Y no has pensado en cómo puede afectar a nuestra relación?

-¿Así que nuestra relación es más importante que mi felicidad?

-¡No he dicho eso!

-Qué tenía que haber hecho entonces, ¿eh? ¿Preguntarte si te parecía bien?

-No, no es preguntarme si me parece bien, es decir: “mira, Santi, he estado pensando”… ¿Y a qué te vas a ir a Barcelona tú? ¿Qué se te ha perdido en Barcelona?

-Pues para empezar, que no es Bilbao. Ni Vitoria. Y hay unos Masters de ilustración y diseño gráfico muy chulos.

-No me digas que ya te has matriculado en alguno…

-No… Sí… He hecho una prematrícula.

-Tócate los cojones.

-Oye, que te den por culo, a ver si vas a resultar un puto machista al final.

-¿Machista por querer que mi novia me diga que se va a mudar a mil kilómetros de distancia?

-¿Y qué querías, que me viniera a Lisboa contigo? ¿A trabajar de camarera? ¿A pasarme todo el día en casa tirada? ¿A chuparte la polla? ¿A qué iba a ir yo a Lisboa?

-No tenías que venirte a Lisboa… ¡Pero podías habérmelo dicho antes!

-¡Te lo estoy diciendo ahora!

-Las parejas no funcionan así, Miren, cada uno tirando por su lado.

-Pero tú nunca has pensado dejar tu trabajo y venirte a Bilbao para estar conmigo, claro…

-¡Porque yo tengo un trabajo! ¡Y me gusta!

-Y yo no, y soy una fracasada, no te jode…

-Igual lo que pasa es que estás escapándote. De todo, de Bilbao, y de tus padres, y de ti misma. Y de mí también.

-Qué imbécil eres… ¡Te crees muy listo!

-A mí no me hables así.

-¿Me vas a decir cómo puedo hablar, también?

-Te digo que no me hables así. Que no me faltes al respeto.

-Estoy harta, Santi, harta.

-Pues qué bien.

-Necesito tiempo.

-Claro, porque espacio ya tienes. De aquí a Barcelona, concretamente.

-No me entiendes. Necesito tiempo porque no sé lo que quiero, no sé quién soy, y contigo respirándome en el cogote no lo voy a descubrir en mi puta vida.

-O sea que la culpa es mía.

-No digo eso.

-La culpa siempre es mía. De todo.

-No digo eso. Pero ahora mismo necesito tiempo.

-Está bien. Está bien. En fin…

-No te vayas así, espera…

-¿Y cómo quieres que me vaya?

-No te vayas así…

-Adiós, Miren…

-Te llamo cuando llegue a Barcelona.

-¿En serio?

-Te llamo.

-¿Me lo estás diciendo en serio?

Miren hizo un gesto como para levantarse y darme un beso o un abrazo, pero yo ya estaba saliendo por la puerta.

Lo normal habría sido que esa noche no durmiera nada bien, pero fue justo al revés: dormí como si nunca más fuera a despertarme, como si ya no quisiera despertarme nunca más.

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