También hay días así

Son días luminosos de primavera en Lisboa, con los tranvías y las calles llenos de turistas que lo miran todo con ojos asombrados: todo lo que ven, lo ven por primera y única vez. Yo me contagio un poco de su asombro y paseo por la ciudad como si llevase una cámara al hombro y una guía de Lonely Planet en la mochila. Los colores del cielo, la superposición cubista de edificios en las colinas, las gaviotas inmóviles en las columnas del cais.

(Pasa junto a mí una madre con su hija de la mano; no, no va de la mano, la hija ya es mayor para eso. Van comiendo un helado, la hija va comiendo un helado, no, la madre. Hablan de la escuela, del calor, de los pájaros; no hablan, porque no necesitan hablar. Son portuguesas. La niña se escapa y parece que va a cruzar la carretera sin mirar, la madre le riñe, la hija se enfurruña, pero le dura poco. La suya es una felicidad modesta y poco estruendosa, pero redonda y sin fisuras).

Sigo andando en un estado que se parece mucho al sueño o a una borrachera. Hay días hermosos y hay que asumirlos también, en medio de la confusión y la rabia de todos los días. El río se desliza suavemente, como si acabase de nacer hoy.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s