Crash

En los meses de verano, cuando no conseguía que mis padres me llevasen a la playa me pasaba el día en bragas y sujetador delante de la ventana, tomando el sol. Nuestra casa era una de esas que daban casi directamente encima de la autopista; de hecho, enfrente de mi ventana había un “punto negro” en el que eran comunes los accidentes por exceso de velocidad. Cada vez que había uno de esos accidentes yo imaginaba que había sido culpa mía y de mi exhibicionismo, aunque en el fondo supiera que los conductores, a esas velocidades, no podían llegar a ver nada. Por la noche me masturbaba con la idea de que mi cuerpo semidesnudo hubiera sido la última imagen que habían visto esas personas antes de convertirse en un amasijo de hierros y tripas; era un orgasmo largo y oscuro que parecía salirme de las entrañas. Después me dormía arullada por el ruido del tráfico en la autopista. Y al día siguiente volvía a ponerme en bragas y sujetador delante de la ventana, tomando el sol y tentando al destino de los otros.

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