Los vascos, esos desconocidos

Muchas veces la gente me dice, queriendo congraciarse conmigo, que uno de los problemas que tiene España es que nos conocemos poco y mal unos a otros. “A los vascos, por ejemplo”, me dicen, “casi no los conocemos más allá de saber que comen mucho, que hablan raro y que ponen bombas”. Y no saben hasta qué punto dicen la verdad cuando dicen que no conocen a los vascos. Porque los vascos no son en absoluto como se los imaginan.

Para empezar, los vascos son unos seres azules, esféricos y gelatinosos. Hay quien dice haber visto un vasco verde y obliongo, pero es probable que confundiera un vasco con una roca cubierta de musgo. No, la verdad, la verdadera verdad, es que los vascos son azules, esféricos y gelatinosos, y quien no cumple esas tres condiciones, no es vasco. Los verdaderos vascos (azules, esféricos y gelatinosos) tienen vergüenza de dejarse ver -porque son, ya lo he dicho, azules, esféricos y gelatinosos- y se esconden en las cuevas, en las montañas y en los txokos.

Los otros, los pobladores de Bilbao, San Sebastián, Vitoria y las demas ciudades, villas y aldeas del País Vasco, en realidad son actores traídos desde Estonia y contratados para hacer el papel de vascos de cara al turismo. ¿Y por qué desde Estonia? Pues porque si hay un lugar en el mundo más desconocido que el País Vasco, ese es Estonia. Y porque el idioma estonio es tan raro que podría pasar perfectamente por vasco.

Partiendo de este principio (que los vascos son en realidad azules, esféricos y gelatinosos) se comprenderá que todo lo demás que se cree saber sobre los vascos es igualmente falso. Ni son comilones, ni silenciosos, ni brutos: una reunión de vascos (azules, esféricos y gelatinosos) suele consistir en largos intercambios de gorgoteos espumosos -porque ese es el verdadero idioma de los verdaderos vascos-, en los que nadie prueba bocado ni bebe una gota de alcohol, y que no terminan hasta que no se ha alcanzado una conclusión consensual y satisfactoria, o hasta que el último de los participantes se desmaya de pura debilidad.

La música de los verdaderos vascos tampoco tiene nada que ver con la de los vascoestonios: ni acordones, ni txistus ni panderetas (instrumentos todos con una larga tradición estonia que en Estonia, curiosamente, se ha perdido). Cuando quieren hacer música, los vascos lanzan su gelatinosa esferez azul contra las paredes, y hacen boing, boing, boing, y esa es la música de los vascos.

A los verdaderos vascos también les gusta el bacalao, pero no para comérselo sino como animal de compañía.

El problema es que, con el tiempo y el paso de las generaciones de estoniovascos, los estoniovascos se han olvidado sus origenes y ahora creen ser ellos los verdaderos vascos, defendiendo su diferencia con respecto a los vecinos basándose en la lengua, la cultura e incluso el origen étnico (todo lo cual es cierto, incluso en Estonia), sin darse cuenta de que el verdadero hecho diferencial de los verdaderos vascos consiste en el hecho de ser azules, esféricos y gelatinosos.

A tanto se está llegando con esta confusión, que ya hay quien dude de la existencia de los verdaderos vascos (azules, esféricos y gelatinosos), y quien defienda que en realidad los únicos vascos son los vascoestonios, o por decirlo de forma más breve, los eVascos. Tanto es así, que se teme la completa desaparición de los verdaderos vascos en unas pocas décadas si la situación no se remedia, y si los vascos verdaderos siguen manteniendo su bajísima tasa de natalidad (los métodos reproductivos de los vascos son tan complicados y tan gelatinosos que evitaremos entrar en el asunto).

E imagino que los lectores ahora me preguntan: ¿y tú? ¿Y tú, Santi? Eres un verdadero vasco, o solo un eVasco? ¿Eres azul, esférico o gelatinoso, o estás confuso respecto a tus auténticos orígenes? Y yo, después de mirarme y remirarme en el espejo y palparme la tripa para ver si es lo bastante gelatinosa, contesto: “No lo sé, no lo sé, no lo sé”. Y me echo a llorar.

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Un pensamiento en “Los vascos, esos desconocidos

  1. ¡No me llores tú, txikito! Vasco o Estonio, ¡te queremos mucho y por un ‘quitamealláesaspajas’ no vamos a discutir ahora!
    Aciertas al pensar que los lectores nos preguntaríamos por el color que luces tú, por tu forma y tu textura, ¡pero es simple cotilleo lo que nos mueve a tales dudas!
    ‘Azul’, como cualquier príncipe de cuento que se precie.
    ‘Esférico’, porque todos tus puntos externos gravitan en torno a uno central: Alicia.
    ‘Gelatinoso’, (mmm, esto me cuesta ya más entenderlo en ti)… ¡Eres sólido en tu carácter al par que maleable! …y transparente, dulce, saludable y sabroso.

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