Estampa madrileña

Un coche se para en un semáforo, pero no por culpa del semáforo (que está en verde) sino porque uno de sus ocupantes se va a bajar. El conductor es un hombre de mediana edad; el copiloto, una mujer de mediana edad. Se abre la puerta y la mujer se prepara para bajar, pero antes se inclina hacia el hombre, se estira y se agacha hasta casi desaparecer para pedirle un beso de despedida. Él se lo da sin moverse casi y sin sonreír.

Repito: ella se agacha, se estira, se inclina hasta casi desaparecer. Para pedir un beso de despedida. Él se lo da sin moverse casi. Sin sonreír.

Y yo me pregunto si está sumisión del yo al otro es hermosa o terrible.

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