Lidia

Esas navidades tuvimos la típica cena celebratoria del departamento, y por una vez Alicia aceptó venir conmigo. Normalmente no quería venir, decía que se aburría y que era peor para todos: para ella, que preferiría estar en otra parte, y para mí, que tenía que ocuparme de entretenerla y no podía socializar con mis colegas. Pero esta vez fue, probablemente porque no tenía nada mejor que hacer, o porque se sintió obligada a ceder por lo menos una vez en la vida.

A muchos de los compañeros más jóvenes ya los conocía: a Luckasz, por supuesto, pero también a casi todos los demás becarios doctorales y postdoctorales. A quien no conocía, en cambio, es a los miembros más seniors del departamento, y en particular a mi jefe y supervisor. Confieso que me daba un poco de miedo, enfrentar la impetuosidad de Alicia con la imperturbabilidad rocosa de mi jefe, pero hay trances que es necesario enfrentar con valentía, como la muerte o una colonoscopia, por ejemplo.

Y el momento temido llegó en el bar al que fuimos después de terminada la cena. Estábamos Alicia y yo hablando con otra pareja (ella, experta en las obras en prosa de Pessoa; él, diseñador gráfico) cuando se nos acercó por detrás el jefe, con un aire excesivo y antiguo, blandiendo la barriga y murmurando “Bem, bem, bem”, como un Buda que da su aprobación a la armonía del mundo. Como saludo me dio una palmada en la espalda que me hizo tirar al suelo la mitad de la cerveza, pero no se disculpó, porque un tornado no se disculpa con los dueños de las casas que destroza

-Há muita gente aqui que eu não conheço -dijo, o algo parecido, así que era inevitable proceder a las presentaciones.

Primero le tocó a la otra pareja, y el jefe se estuvo interesando con amabilidad condescendiente por los entresijos del diseño gráfico en el mundo moderno durante un buen rato (un tiempo que Alicia y yo pasamos quietos como vegetales estúpidos con la sonrisa colgada en la boca).

-E esta linda menina, quem é que é?

-Esta é a Alicia -dije yo, señalándola con la mano abierta.

-A Lídia? -preguntó el jefe, que me había oído mal, probablemente por culpa de la música-. Então, Lídia, como a amada do Ricardo Reis? -añadió, con un guiño a la experta pessoana.

El equívoco, aunque equívoco, a mí me pareció que estaba bien traído, así que lo premié con una risa sonora y un poquito falsa.

-Não, não, é…

-Mas espero que vocês façam algo mais do que enlaçar as mãos à beira do rio… -siguió él, profundizando en el error y añadiendo una capa extra de incomodidad a la situación.

-Não é “Lidia”, é “Alicia” -aclaré, por fin.

-¡Aaaaaah, Alicia! Como…

-Como mi abuela -terminó Alicia, seca.

-Mas eu não conheço a sua “abuela”! -contestó el jefe vocalizando mucho; desde luego estaba de buen humor, o había bebido demasiado vino durante la cena.- Eu ia dizer, como a Alicia do Carroll, a do outro lado do espelho e o país das maravilhas e o coelho branco!

Volví a reírme otra vez con la misma risa mayestática de antes, y recibí como pago otra palmada en la espalda que me hizo tirar un tercio de la media cerveza que me quedaba. Cuando terminé de secarme la mano en el pantalon y me giré para ver la reacción de Alicia, ella ya se había escabullido entre la gente, y estaba en la barra pidiéndose su tercera o cuarta cerveza.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s