Despropósitos de Año Nuevo

-Feliz año nuevo -me dijo Alicia cuando nos despertamos el 1 de enero, abrazados y con las piernas entrelazadas en una postura tan romántica como incómoda.

La noche anterior habíamos salido con amigos hasta las dos y media o así, y luego habíamos vuelto a casa andando. Alicia tenía los pies helados, me había pedido que se los masajease para hacerlos entrar en calor, pero no había habido forma; todavía ahora, a la mañana siguiente, los sentía como hielo y me provocaban escalofríos.

-Feliz año nuevo, cariño -le contesté. (Noté que a Alicia le olía todavía el aliento a alcohol y supuse que a mí me pasaría lo mismo, así que intenté no mirarla directamente a la cara. Los besos: rápidos y con los labios cerrados).

Me quedé mirando al techo. No se oía ni un alma en la calle, ni un ruido en casa de los vecinos. Alicia ronroneaba suavemente a medida que iba escapando del sueño. Luego se giró y se puso boca arriba como yo.

-¿Crees que seguiremos juntos cuando termine el año? -preguntó, en un tono indiferente, como si le diera igual que la respuesta fuera una u otra.

-¿Cómo?

-Que si crees que seguiremos juntos el año que viene.

-¿Por qué lo preguntas?

-Bueno, no sé… Pueden pasar muchas cosas, de aquí a un año. Hace un año ni siquiera nos conocíamos y ahora estás aquí, en mi cama el día de año nuevo.

-Claro que… -pero no me dejó acabar.

-Podríamos quedarnos sin trabajo y tener que irnos de Lisboa, o podría morirse uno de los dos, en un accidente de coche por ejemplo, eso pasa, o podríamos darnos cuenta de que no estamos hechos el uno para el otro…

-O puede que yo encuentre otra más joven y más bonita -dije yo, en un tono que podía interpretarse como una broma pero también no, porque me molestaba que Alicia estuviera hablando de este tema con tanta ligereza.

-Sí, eso también podría pasar -contestó, y luego, cambiando de tema:- ¿Quieres que te prepare algo de desayuno?

-Buf, todavía estoy lleno de ayer… Si me pones un café y una tostada, está perfecto.

-Vale, ahora vuelvo.

Alicia salió del cuerto y se fue a la cocina, y yo me quedé en la cama pensando en mis anteriores novias y en cuánto tiempo había tardado la cosa en irse al garate, y en por qué se había ido al garete la cosa en realidad, y en si alguna de ellas era más joven y bonita que Alicia y si todavía tendría su número en el móvil. Y con esos pensamientos volví a quedarme dormido.

Me despertó otra vez Alicia, que venía con una bandeja con un par de cafés y unas tostadas que estaban carbonizadas no, lo siguiente. Tomamos el desayuno en silencio y luego hicimos el amor en unas sábanas llenas de migas.

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