Irene (2): variación elíptica

Los ojos de Irene parecían muy oscuros, casi negros, pero cuando les daba la luz de determinada forma se podía ver que eran marrones, de un color cálido y acogedor. Pero no, en realidad eran negros.

El pollo hay que cortarlo en tacos de un grosor de tres centímetros aproximadamente, retirando los excesos de grasa y los posibles restos de hueso.

Las uñas de Irene eran largas y afliladas, como de quien no se las muerde nunca. Color: rojo. (No, las uñas no).

Se pican finas las verduras y se rehogan con un poco de aceite hasta que estén doradas, nunca quemadas.

Los dientes de Irene, cuando sonreía, brillaban de una forma muy especial, algo que no tendría nada de especial si no fuera porque nunca vi sonreír a Irene, nunca, y sin embargo lo sé.

Las manos de Irene embardunando el pollo con las especias me hacían imaginar… (Un corro de vino blanco para dar sabor, dejar que se evapore).

Luego, a fuego lento (color: amarillo) hasta que reduzca el agua; dejar reposar.

Coger un cuchillo. ¿Para qué coger un cuchillo? ¿Para qué coger un cuchillo ahora? ¿Para qué coger un cuchillo ahora que la comida ya está preparada? ¿Qué vas a hacer con ese cuchillo?

Me dijeron luego, otros, los otros, los que se quedaron, no Irene, con Irene no volvía a hablar nunca, que el arroz nos había quedado realmente estupendo.

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